sábado, 23 de junio de 2007

Capítulo 7: Ríos de miel. Verano de hiel.

Allí me encontraba yo, a escasos días para que se acabase mi tercer año, y contenta, como niña con zapatos nuevos, y era para estarlo, pues mis primeros zapatos eran realmente bonitos. En esos momentos estaba tirada en el suelo de la habitación de las chicas Gryffindor, con mi pijama azul de seda y escribiendo en mi diario, preguntándome si una persona podía ser más feliz que yo en ese momento. Concluí por fin las últimas lineas e introducí el preciado documento en mi baúl, en esos momentos llegaron mis hermanas, mi prima y mis amiga Hermione, y me encontraron de nuevo con la sonrisa en la boca, cosa que les gustaba, pero que no dejaba de sorprenderlas.
- Hola, chicas, ¿qué os contáis?- Hermi aún me observaba raro, la verdad es que mi voz a veces le chocaba, debido a la falta de costumbre.
- ¿Y tú?- preguntó Serenity, sentándose en la cama y poniéndose el camisón.
- Yo...- un suspiró salió de mi boca, a discreción. Estaba enamorada y era correspondida, además el chico que llenaba mi vida era realmente atractivo, ¿podía pedirle algo más a la vida?.
- Dios... llevas un par de semanas con esa sonrisa absurda en la cara, a ver si nos cuentas de una vez que te pasa- refunfuñó Ary, a lo que Ninde la reprendió con una de sus miradas asesinas, las demás sonreímos nuevamente.
- No le hagas caso, peque- susurró mi hermana mayor- pero si estás contenta podrías compartirlo con las demás, ¿no crees?- y tras que todas se pusieran cómodas para dormir me dispuse a contarles mi historia.

- Vereís, hay un chico...- intenté empezar a contar algo pero unos golpes en la ventana nos sacaron del idílico momento. Todas nos sorprendimos y esperamos a que el golpe se repitiese, efectivamente fue así, y Ninde se levantó para abrirla. Contó hasta tres y las ventanas dejaron entrar al aire, y un chico vestido de negro y amarillo nos saludó desde lo alto de una escoba.
- Buenas noches- dijo Cedric y tras dedicarnos a todas un gesto con la mano se dirigió a mí- Raven, ¿puedes venir un segundo?- me levanté, y tras sonrojarme al darme cuenta que iba en pijama me acerqué hasta la ventana, con paso vacilante y allí me quedé sintiendo todas las miradas sobre mí.
- ¿Sí?- pregunté, metiendo las manos en los bolsillos del pijama que me quedaba levemente grande- ¿quieres...?- antes de que preguntara nada su brazo ya rodeaba mi cintura, y sentí que todo el sol de la tierra tomaba mis mejillas, mientras una especie de "aullidos" se oían desde detrás de mi cabeza.
- ¡¡Qué calladito te lo tenías!!!- dijo Ary.
- ¡¡¡Esa es mi hermana- gritaron!!! Sery y Ninde al unísino.
- Ven a dar una vuelta conmigo- me pedía él en esos momentos.
- Me cambio y salgo- me desembaracé de los brazos que sostenían y cerré la ventana.

Me puse otra ropa, de hecho, casi no podía mirar a mis amigas, era vergorzonso . Tras ponerme los vaqueros y una sudadera oscura volví a abrir la ventana.
- Hasta mañana, chicas- dije, con una voz pícara que todas jalearon.
- Usa protección...- esto lo oí de soslayo, porque acababa de cerrar la ventana y estaba subida en la escoba de Cedric, agarrada a su cintura.
- Aún no se lo habías contado- murmuró, mientras nos poníamos en movimiento, sin saber muy bien adonde.

Tras varias vueltas y repetidos sustos (pues casi me caigo de la escoba dos veces xD) llegamos al jardín y nos sentamos bajo un árbol, lo cierto es que aún no me acostumbraba a los besos y los abrazos, por eso me coloqué levemente alejada con él, con la mirada perdida en la noche. Ced tenía paciencia, sin embargo era cariñoso, y tampoco quería que se cortara por mí. Tras un momento de silencio se acercó un poco y tomó mi mano. Yo acepté la caricia pero no hice nada más. Me preguntaba si se cansaría de esas reacciones pronto, sin embargo no lo hacía. Con la mano que le quedaba libre acarició mi mejilla y me sonrojé. Su mano dibujó círculos en toda mi cara y por fin esos dedos cálidos acariciaron mis labios, me estremecí, sin dudas, sin embargo quería que continuase... que me besase. Pareció leer en mí, pues sus manos se colocaron tras mi nuca y sus labios húmedos alcanzaron los míos, en un beso apasionado y lleno de sentimientos.
Ahora mis manos descansaban sobre sus hombros, era el chico más guapo que había visto, era... hermoso realmente.

- No quiero que este curso acabe nunca- reconocí.
- El año que viene seguiremos aquí, y este verano... podremos vernos.
- No conoces a mi padre, es...
- Lo haremos a escondidas- sonó tan sensual que casi me derrito, pero no lo hice, mantuve mis cabales en sus sitio y le di un suave beso en la mejilla.
- Tres meses pasan volando, ¿verdad?.

Decir eso fue absurdo, porque ese verano fue el más largo de toda mi vida, el tiempo no pasaba, y notaba que las semanas se hacían eternas, los meses infinitos... Ni siquiera cuando nos vimos en casa de los Weasley fue suficiente, no podíamos estar solos, y aunque el beso que nos dimos a escondidas me supo a miel no pude evitar sentirme terriblemente vacía, ¿por qué tenía que tener un padre psicópata? ¿no era bastante con tener a un progenitor preocupado por la virginidad de su hija? No, nosotras no ¬¬. Esa mañana miraba la ventana totalmente aburrida cuando me llegó una carta de Ced, era tan dulce... era como si supiese hacerlo... Entonces una duda cruzó mi mente, era obvio que el muchacho con el que salía había tenido más relaciones, pero... ¿esas chicas habrían sido muy importantes en su vida? ¿qué había sentido por ellas? Apreté la carta... menuda tontearía, era totalmente estúpido e idiota pensar en eso. Sin embargo fue un interrogante que me persiguió durante todo el verano.

El día que nos fuimos a casa de los Weasley sentí miedo, ¿y si veía en sus ojos a esas otras chicas? Ninde y Sery lo notaron, pero no dijeron nada. Cuando nos reunimos todos intenté disimular, hablando mucho y eso, pero... era tan antinatural que hasta la madre de Ron me preguntó si me ocurría algo.
- ¿Pasa algo, cielo?
- Oh, no, estoy nerviosa, simplemente.
Los nervios me acompañaron hasta que nos encontramos con Cedric y su padre...

sábado, 16 de junio de 2007

Capítulo 6: Jade y esmeraldas

- "Habla, te escucho"- mis manos hablaron por mí y él las observó, lo cierto es que me entendía perfectamente, incluso a veces se anticipaba, esta vez parecía ofuscado, y yo sabía que se debía precisamente a esa escena que ocurrió la jornada anterior. Mis ojos observaron una de sus manos, que se cerraba en torno a la otra muñeca, era como si de ese modo se concentrase, o algo así.
- No entiendo que te pasa conmigo, y me gustaría que me lo explicaras, a poder ser- soltó los dedos de su presa, cayendo ambas manos a los lados de su cuerpo.

¿Quería qué le volviese a repetir cómo me encontraba? ¿O es qué tal vez no había sido lo bastante clara en nuestra anterior conversación? Le había dicho que estar junto él me dañaba, y él casi me había rogado que no me fuese, ¿con qué estratagema saltaría esta vez? ¿apelaría a la amistad o tal vez me llamaría hermana? Yo, obviamente, no era capaz de ver en sus pensamientos, pero, si elegía alguna de estas opciones nunca volvería a hablarle, y esta vez estaba decidida a hacerlo, a llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias.
Volvió a repetir su pregunta, impaciente. Exhalé un poco de aire, a modo de desespero y mis manos se movieron, repitiendo lo que le había dicho el día anterior. Él agarró una de mis muñecas, cuando supo lo que me proponía, y me encaró, esta vez parecía triste, pero también enfadado.
- Te hace daño estar a mi lado... después de un verano en el que únicamente nos hemos visto una vez, estás mintiendo Raven Darkangel- agarró mi otra muñeca, pero al ver mi gesto de espanto me soltó, desanimado.

Sus ojos verdes me taladraron, brillaban, como si en cualquier momento esos cristales de jade pudieran partirse en mil pedazos. Apreté los dientes, y me di cuenta que mis ojos también brillaban, aunque los mios fuesen azules en lugar de verdes, maldita fuese mi sensibilidad, no y mil veces no, me retiré las lágrimas de la cara e intenté que fuese furia lo que apareciera en ellos, sin embargo el gesto no fue del todo creíble.
- "No lo entiendes"
- Deseo hacerlo, pero no puedo- se acercó nuevamente a mí, esta vez mucho más calmado que antes- dices que te hace daño estar a mi lado y por eso me evitabas, pero todo eso ha de tener una razón, tiene que haber algo que explique esta reacción, ¿por qué no me la cuentas?- sus manos se colocaron delicadamente en mis hombros, de modo comprensivo.

Suspiré, mientras nuevas lágrimas surcaban mis mejillas. Una decisión había sido tomada, pero no estaba convencida si era la correcta, pues mis ojos y mis reacciones demostraban que no era precisamente odio lo que sentía por ese joven, ¿y si me estuviese equivocando? ¿y si quizás fuese más conveniente decirle que es lo que sentía mi corazón y entonces huía? Aunque no ser valiente fue mi primera intención tal vez fuera mejor decir la verdad. El esos momentos la mano de Ced se colocaba en mi mejilla, arrancándome las lágrimas amargas que las manchaban.
- No quiero volver a verte llorar- susurró- dime... dime por favor que te pasa conmigo- fue tal vez la frase que estaba esperando, o pudo ser que ya había decidido mis acciones, pero abrí la boca, y esta vez hablé, alto y claro.
- ¿Qué me pasa contigo? Es una buena pregunta, y por mucho que haya intentado engañarme a mí misma ya se lo que es- apreté el puño, observando su cara de estupor que el ponía al escuchar por primera vez en su vida mi voz, antes oculta.
- ¿Qué es?- se acercó a mí otra vez, solo tuve que empinarme un poco para estar a su altura.
- Es.... que te quiero... te amo como nunca he amado en toda mi vida...- antes de darle tiempo a pensar, he de reconocer que actúe impulsivamente y me empiné un poco más, haciendo que la distancia entre nosotros desapareciese.

No se si se quedó sorprendido o no, pero lo cierto es que sus manos rodearon mi cintura, y su boca jugó con la mía, fue mi primer beso, de modo que no fue excesivamente experto, sin embargo fue dulce como la miel. Cuando nos separamos sus brazos continuaban agarrando con entusiasmo mi cuerpo y tuve que apoyar la cabeza en su pecho, para darme cuenta que todo seguía siendo sólido a nuestro alrededor.
- Rav, Rav, Rav...- dijo, jugando con mi pelo
- No digas nada, recházama mañana, pero hoy...- me interrumpió, sin brusquedad, pero hablando con fuerza, con sentimiento.
- No pienso hacer eso, necesito que sepas la verdad- me apartó un poco y comenzó a hablar, dejándome estupefacta ante sus declaraciones. Según él yo le había parecido muy guapa y le encantaba estar conmigo, sin embargo no podía intentar nada porque yo era todavía muy niña. Por eso había intentado ganar en primer lugar mi cariño, y cuando vio mi desdén pensó que le odiaba por algo. Pensaba que al menos el año anterior debía esperar, mi tercer curso sería su oportunidad, sin embargo, yo no aparecía por ningún lado.

- Puedo dejarlo para mañana...- rozó mi nariz con los dedos- pero sería muy estúpido por mi parte, y necesito decírtelo ahora- abrió los labios y esas palabras fueron todo lo que yo necesité- estoy enamorado de tí desde el primer momento en que te ví- me aferré con fuerzas a él, y como si de una liberación se tratase dejé que las lágrimas volvieran a mis ojos- no llores, pequeña- me consoló para luego besarme en el cabello.
- Estoy contenta, de verdad- dije, con la voz rota por los sollozos y me sequé los ojos nuevamente.
- Será porque tienes una voz preciosa- y ahora fue el quién me besó, pero tengo que reconocer que fue un beso totalmente diferente al que compartimos anteriormente.

Seguramente se hubiese sabido lo que me esperaba hubiera seguido adelante con todo aquello, pero en esos momentos solo pensaba en que por una vez en la vida no era la guapa de la historia la que se quedaba con el chico, sino la tímida bibliotecaria.




Capítulo 5: La previa.

Convencida de que había hecho lo mejor la vida seguía. Tan rápido iba que tras ver como el misterioso perro que había secuestrado a Ron se escapaba, nos metimos en el árbol todos, la primera fue Sery, ¿estarían despejadas todas las dudas? Los demás fuimos golpeados por el sauce boxeador, pero tras recibir golpes, Hermione, Harry, Ary, Ninde y yo conseguimos penetrar en el pasadizo que nos llevó hasta la casa de los gritos es Hogsmeade, allí, Sery y Ron observaban atemorizados a Sirius Black y al profesor Lupin. Los ojos de Ninde se engancharon en el primero (y lo que ella nunca sabría es que jamás se separarían de allí).

Tras todas las explicaciones que nos dieron y ver a Snape aparecer nos lo creímos todo. Sin embargo, había salido la luna llena y nuestro profesor de Defensa contra las Artes Oscuras empezó a transformarse en lobo, intentamos pararle, pero nos llevamos varios golpes: además de la pierna rota de Ron, las garras de Remus habían cortado mi estómago. Comencé a marearme y Ninde me sujetó. De pronto todo se volvió negro como boca de lobo y perdí el conocimiento.

Según parecía (de esto me enteré cuando me desperté) Sirius Black había sido apresado y Harry, Ary y Hermione habían ido a solucionar el problema con un giratiempos, yo hubiera querido uno, pero Hermione siempre se adelantaba xD. Me dolía la cabeza y tenía la boca seca, además, Serenity parecía muy nerviosa y Ron descansaba, mientras la tranquilizaba. Ninde, sin embargo estaba junto a mi lecho y me sonreía.
- Ha venido a verte Cedric- susurró.
- No me importa absolutamente nada ese tío- mi voz sonó suave, pero escondía un mensaje secreto. Ninde me entregó una hoja de papel doblada. Era una carta del interpelado, en la que me proponía una cita para el día siguiente, alegando que había hablado con la señora Pomfrey y saldría en poco tiempo.
- No voy a ir.
- Deberías- dijo ahora Sery desde su sitio- ese chico... dale una oportunidad, Rav, creo que es lo mejor que podrías hacer.
- Vosotras...
- Si vas no volveremos a insistirte más- murmuró Ninde, y Serena asintió.
- ¿Lo harás por nosotras?- tras un momento de duda asentí a ambas.

Y al día siguiente (y tras descubrir que todo acababa saliendo bien siempre) me dirigí al patio, donde habíamos quedado. Nuestras miradas se encontraron, y cuando estuve a escasos metros ahí me quedé expectante, ¿qué querría ahora?

Capítulo 4: Contigo...

Como ya os he dicho era el momento de que me hiciese la dura. A veces es más fácil no enfrentarse a una batalla que salir victoriosos de ella, por esa razón decidí no luchar en la guerra por el corazón de Cedric Diggory. Tal vez para muchos olvidarse de alguien es otro combate, sin embargo yo estaba segura de que esa pelea sería más sencilla.

Dicho y hecho. Hacia todo lo posible por no adentrarme mucho en la zona común de Hufflepuff, también había decidido no ir a ver quidditch nunca más, quien evita la tentación evita el peligro, sin embargo cada vez me sentía peor, era como si me faltase algo, como si el solo hubiese sido tapado por nubes negras. Intentaba ignorar este sentimiento a diario, centrándome en mis amigos, en ayudarles, pues para Harry se hacía muy duro saber que el asesino de sus padres había escapado. Aunque intentaba mantener una faceta de odio y frustración yo sabía que bajo esos puños apretados se escondía un sufrimiento aterrador. Tras la ejecución de Buckbeack llegaría el encuentro entre el famoso Sirius Black y el legendario Harry Potter, pero de este tema hablaré más adelante.

Como ya os he adelantado, tercero fue un año bastante penoso, días nublados, tristeza, y sobre todo amor y desamor: mi hermana Ninde acabó abandonando a Oliver Wood, y éste quedó bastante decepcionado, sin embargo nunca perdió su sonrisa, por otro lado mi Sery estaba cada vez más confusa, y aunque pensaba que yo no emd aba cuenta de nada, sus dudas me golpeaban como un mazo. Aredhel cada vez estaba más cerca de Harry, pero aún así, no terminaba de ocurrir nada.

Las clases de defensa contra las artes oscuras eran lo mejor con el profesor Lupin, las de Adivinación sin embargo, y aunque me encantaban, dejaban mucho que desear en el resto, por eso Hermione las dejó, de hecho ese año casi ni la vimos, aparecía y desaparecía, ¿a dónde demonios iba? Esto, los celos de Sery, las dudas de Ary y el mutismo de Ninde, hicieron que mi burbuja se hiciera aún más reducida, y que mis problemas sentimentales permanecieran dentro de mí. Me pasaba el día entre libros, y callada, callada como una muerta, lo cierto es que mi plan del olvido no funcionaba, aunque no nos veíamos lo añoraba muchísimo.

Esa tarde llovía a mares, y yo me encontraba en el baño cuando entraron dos chicas mayores que yo de Hufflepuff y tras saludarme con la mano comenzaron a cuchichear entre ellas.
- Es cierto, Diggory está muy raro- dijo una, y eso hizo que mi curiosidad se activase, y mientras disimulaba, entreteniéndome pintándome los ojos o lavándome las manos escuché toda la conversación- dicen que se ha enamorado, pero... él puede tener a la chica que quiera, ¿por qué tendría qué estar deprimido?.
- Quizás... bueno, he oído algo, según parece...- fueron a decir algo, sin embargo se callaron al ver mi gesto, joder, ¿qué parecería? ¿a qué se refreían? Al ver que no me iban a informar de nada decidí salir, absurdamente. Observé el cielo y vi las escobas, ya era suficiente, que dejara de jugar conmigo de una puñetera vez. Dejé los libros en la Sala Común y me dirigí hasta el campo. Mis amigos se sorprendieron mucho al verme, pero no dijeron nada.

Mis ojos solo veían a Cedric, por eso cuando se produjo esa rara trifulca entre Harry y él no le quité ojo, estaba... enfadada, dolida y ofendida, de ese modo cuando Harry cayó al suelo todos ignoramos el resto y fuimos a su encuentro, fue entonces cuando Cedric cogió la snitch y me observó, dándose cuenta de lo que acababa de pasar con Harry y esos dementores. Le devolví una mirada de odio, me las iba a pagar, ¿a qué demonios estaba jugando? Cuando nos echaron de la enfermería él estaba allí, y esta vez iba a escucharme, en serio que me iba a oír (o ver). Con paso decidido me acerqué hasta él y lo encaré, con todas mis fuerzas.
- Raven- su cara se iluminó levemente- pensé que te había pasado algo, que...- le detuve con la mano.
- "Si no nos hemos encontrado ha sido porque yo no he querido"-gesticulé, furiosamente
- ¿Qué...?- se puso pálido, eso le daba un aspecto frágil, tan mojado, tan indefenso... pero no cedí, no podía hacerlo
- "Estar contigo me hace daño"- eso era cierto, tenerle cerca, y saber que nunca habría nada entre nosotros era tan doloroso que casi me hacía llorar...
- Raven...- sus manos tomaron mi cintura, y mi respiración se transformó en un leve jadeo- no me hagas esto, yo... no quiero que te separes de mí, quiero que estés conmigo- esto era lo que me faltaba, el chico me pedía amistad incondicional, ¿No ves qué quiero ser algo más? le hubiera gritado en la cara, sin embargo no lo hice.
- "No puedo..."- pero mis manos fueron de sus hombros a su nuca, irremediablemente- "no..."- ¿por qué demonios acababa de empinarme? iba a probar el veneno, iba a suicidarme, pero con esos labios tan cerca de los míos nadie se hubiese resistido.
- Tú...- en esos momentos me separé, porque varios chicos de gryffindor se dirigían a la enfermería
- "Adiós, Cedric"- literalmente huí de él, perdiéndome entre las sombras y en mi propia soledad.

viernes, 15 de junio de 2007

Capítulo 3: Cartas, confesiones y lágrimas

Las preguntas me acosaban. Eso, y sobre todo mis dos hermanas, que no paraban de cuestionarme sobre Diggory: Yo solo podía contestar que éramos amigos, nada más. En el fondo un pensamiento lleno de espinas cobraba fuerza en mi mente, para Cedric nunca sería más que una cría, quizás una hermana pequeña a la que tener cariño, pero nada más. Mis sentimientos, sin embargo eran inescrutables... atracción, de eso había a mares, y también cariño, pues me sentía muy cómoda con él, sin embargo, no estaba segura de sentir nada desde el punto de vista romántico por Ced. Además... ¿qué haría un chico como él con una niña como yo?

El verano no estuvo del todo mal, el primer mes pasó volando y cuando nos quisimos dar cuenta ya era agosto y mi prima, mis hermanas y yo disfrutábamos de una tarde en el jardín, bebiendo zumo de calabaza y haciéndonos confidencias. Cedric no había mandado ni una sola carta y yo no había ni pensado en ir a su casa... eso hubiese sido una locura, en esas estaba cuando una pregunta, o tal vez un rugido me sacó de mis pensamientos. Moví la cabeza y miré a Ninde, que tenía una ceja levantada. Le hice repetirme le pregunta y una vez que lo hubo hecho me sonrojé, como las manzanas del árbol bajo el que tomábamos los zumos.
- Bueno...- lo cierto es que con ellas si usaba mi voz, aunque hablaba tan bajito que solo si se concentraban me escuchaban bien, de modo que todos los ojos y oídos se centraron en mí- he de reconocer que el chico es apuesto, realmente apuesto- asentí, dejando ver lo guapísimo que me parecía el muchacho- ... pero paso, soy joven para pensar en esas cosas.

Las caras de decepción no se hicieron esperar, sin embargo, fue Sery la que rompió el silencio
- Deja de mentir, Rav- bebió de su vaso y continuó- cuando le miras... se te encienden los ojos.
- Eso no es cierto- mis mejillas se sonrojaron aún más y empecé a dar razones estúpidas por las que no me gustaba- además ni siquiera me ha escrito... ¿crees qué realmente puede tener algún interés en...?- de pronto una lechuza apareció por el horizonte y se posó en mi hombro. Ni corta ni perezosa abrí el sobre y comencé a leer.

Querida Raven:

Siento no haberte escrito antes, pero he estado de vacaciones y mis padres no me han dado ni un momento para relajarme, además me partí la nariz hace poco y tuvieron que llevarme al hospital, ya ves... soy todo un caso. Espero que no estés enfadada conmigo. Besos: Cedric A.D.

PD: ¿Podríamos quedar para vernos en Hogsmeade dentro de dos semanas? por favor, contéstame.


Tras que me arrancaran la carta literalmente de las manos y leyeran su contenido me di cuenta que deseaba quedar con ese chico más que cualquier cosa en el mundo, sin embargo temía reconocerlo. Ary y Serenity sostenían que si ellas eran lo suficientemente mayores como para querer a un chico yo también. No se me pasó desapercibida la mirada triste de mi melliza, pero tampoco como Ninde movía su pulsera... seguro que se la había regalado Oli, que suerte, snif.

Esas dos semanas se me hicieron eternas, ciertamente, tanto que cuando llegó el día estaba hecha un flan, no sabía que ponerme, de modo que dejé que mis hermanas y mi prima se encargaran de eso. Le dije a mi padre que iba a casa de los Malfoy y me escapé, mintiéndole por primera vez en mi corta vida. Cuando llegué a Hogsmeade me di cuenta que hacía mucho calor, de modo que me quité la chaqueta y me quedé en tirantes. No encontraba a Cedric, ¿se trataría de algún juego macabro? Suspiré, y de pronto lo vi, entre la multitud, con su cabello despeinado, su mirada perdida y buscándome, entonces me encontró, y corrió a mi encuentro, aunque cuando llegó a mi altura se quedó algo cortado, ¿le pasaría algo?

Vi como fruncía los labios hasta tres veces y entonces ocurrió, sus brazos me envolvieron y noté como me apretaba contra él, fuertemente.
- Te he echado de menos- el corazón me comenzó a latir en una marcha furiosa, mientras mi respiración se agitaba y mis músculos se tensaban. Él no me soltaba, me mantenía cerca, no sabía que decir o que hacer, yo... nunca había sido abrazada así por un chico, y... se lo devolví, con toda mi alma. Por fin nos separamos y comenzamos a contarnos nuestros respectivos veranos, lo cierto es que no habíamos hecho nada del otro mundo, pero él... había crecido un poco y tendría la nariz levemente torcida para toda su vida, pero... estaba tan guapo... paseamos y me invitó a un helado. De pronto tiré de su brazo y nos quedamos a escasos metros de una tienda de caramelos, Honeydukes, mi favorito, una vez dentro me compró muchas cositas, de pronto un caramelo (que iba envuelto xD) se me cayó de las manos y fui a recogerlo, mi amigo fue a hacer lo mismo y nuestros dedos se entrelazaron por un segundo, y no se soltaron en toda la tarde. Si nos hubiesen visto desde fuera hubiesen pensado que éramos novios, sin embargo yo sabía que no había nada de eso entre nosotros.

Respiré el aire, que poco a poco se iba haciendo cada vez más fresca, de modo que decidimos que ya iba siendo hora de volver a casa, de ese modo tuvimos que despedirnos, y esta vez se me hizo más cuesta arriba que nunca, soltar su mano fue… doloroso, tanto que casi hubiera preferido llevármela a casa, pero tal vez la necesitase. Por fin nuestros dedos dejaron de acariciarse y él me prometió que nos veríamos pronto, ¿por qué me prometía nada? No debía hacerlo, yo… solo era una amiga. Asentí y m empiné levemente para plantarle un sonoro beso en la mejilla, él me besó en la frente, y me derretí, literalmente, sin embargo mi mente le dijo a mi corazón que se debía a lo bueno que estaba.Mis pasos hasta casa fueron vacilantes, e incluso torpes, no entendía a que se debía esa sensación de vacío que me había dejado su despedida. Me mordí los labios e intenté no pensar en el asunto, pero esa noche fui de nuevo acosada por sensaciones que me perturbaban y no me permitían dormir.

De pronto una lágrima traviesa asomó a mi mejilla, intenté retirarla con una mano, pero a ésta le siguieron decenas. No quería llorar, pero era un goteo constante que recorría mi faz. Luego empezaron los sollozos, y esto despertó a mis hermanas, que dormían en dos camas cercanas a la mía. Ninde fue la primera en acercarse y se sentó a mi lado, para acunarme en sus brazos, mientras millones de diminutas gotas mojaban su pijama. Sery saltó de la cama y se echó sobre mí, agarrando mi cintura a modo de protección. Ninguna de las tres dijimos nada durante varias horas, pero no fue necesario que nuestras emociones se convirtieran en palabras: Cedric Diggory nunca sería mío, y era necesario que la posibilidad de salir con él saliese de mi mente.

Ni siquiera yo misma me entendía, ¿qué me había dado en tan poco tiempo? ¿qué le hacía insustituible? ¿qué hacía que mi corazón se acelerase y mis palabras se trabasen? No lo entendía, no lo sabía… era algo tan nuevo que por eso era incomprensible para mí. De repente Sery rompió el silencio, apretándome aún con más fuerza.

- El amor no tiene porque ser malo, Raven- susurró, mientras su mirada se clavaba en Ninde
- Claro que no, además... ¿qué tiene de malo qué sea...?
- ¡¡¡No le quiero!!!- grité, pero mis lágrimas evidenciaban lo contrario- nunca tendré nada con él, ¿por qué esforzarme inútilmente?- estaba inconsolable, y así estuve el resto del verano, hasta que llegó el primer día de curso, en el que me rehice, pensando en esquivar a Cedric Diggory a toda costa.

Capítulo 2: Encuentros..

Decir que aquel encuentro no había significado para mí hubiera sido una burda mentira, pues el tal Diggory se había convertido en el centro de mis pensamientos. No me había atrevido a preguntar a mi prima y a mis hermanas quien era, pues me daba miedo enterarme de cosas que le hicieran perder ese encanto del primer encuentro.

Por más que intentaba no pensar en todas estas cosas, los recuerdos más fuertemente me golpeaban: esos ojos tan brillantes, esa sonrisa encantadora… ¿qué demonios me estaba sucediendo? El mutismo absoluto me acosaba, ya ni siquiera hablaba con mis hermanas y mi prima. Sino cambiaba de actitud era obvio que ellas se iban a dar cuenta, al igual que Hermione, Harry y Ron.

Esa tarde la biblioteca estaba a reventar, y todo el mundo se preparaba para sus exámenes finales. La absurda idea de que yo era la heredera de Salazar Slytherin se había esfumado, sin embargo la hipótesis de que Harry fuese el elegido sonaba con cada vez más fuerza, ninguno de nosotros la creíamos, por supuesto. En cualquier caso los ánimos no eran precisamente alentadores. Cuando nuestro amigo salió todos los ojos se clavaron en él, era frustrante todo aquello, y más si le sumamos los acontecimientos que se desarrollaron luego. Petrificados, secuestros, la cámara de los secretos abierta por el joven Voldemort… Segundo no fue precisamente un año fácil, y más si le sumamos que mi cabeza estaba hecha un lío por mi encuentro con el prefecto de Hufflepuff.

El primer encuentro entre nosotros nunca se me olvidaría, así como tampoco dejaría de recordar cuando nos vimos en el jardín. Esa tarde había decidido estudiar fuera, pues mis amigos se dedicaban a usar pociones multijugos y a investigar. En esa ocasión yo no deseaba acompañarles, por eso allí me encontraba, sola con mis pensamientos. Cerré los ojos un segundo, y entonces alguien llamándome por mi nombre me sobresaltó. Mis párpados se levantaron a la velocidad de la luz y observé a aquel que me había estado llamando.

- ¿Te he despertado?- preguntó, y se sentó a mi lado sin ser invitado. Estaba tan nerviosa que casi no atinaba a mover la cabeza- lo siento- susurró y apoyó la cabeza contra el tronco en el que descansábamos.
Cerré y abrí los ojos un segundo, el joven seguía allí, no había sido mi imaginación. Aproveché que no me miraba para escrutar su rostro: ojos verdes, cabello castaño claro, mandíbula perfecta y cara de ángel. Me debatía entre dos pensamientos, pero en esta ocasión decidí dejarlos de lado, a ambos.

- No te he visto en meses- eso era cierto, aunque pensé que él no había sido consciente de que en dos meses no nos habíamos encontrado ni una sola vez- ¿dónde te has escondido?- sonreí levemente y coloqué las manos boca arriba, luego hice como la que leía un libro invisible- ¿estudiando?- acarició el lomo del libro que tenía en la mano y asintió- si, los exámenes están a la vuelta de la esquina, yo también he estado dándole duro

, por cierto… ¿en qué curso estás?- levanté dos de mis dedos y se los mostré. Asintió otra vez, parecía que él no necesitaba que le repitiese las cosas dos veces- yo estoy en quinto- efectivamente, era mayor, quince años… ¿cómo se me ocurrió pensar que un chico de esa edad se fijaría en una niña de 12 años? Mi cara no se alteró y seguimos con la apacible charla.

- ¿Sabes?- rompió el silencio momentáneo que acababa de crearse y le presté toda mi atención- aunque hayas estado estudiando… ¿no has ido ni una sola vez a ver los partidos de quidditch?- le miré extrañada y negué con la cabeza, aunque lo que quería decir a continuación no estaba segura de cómo hacerlo, de modo que me tomé un poco de tiempo y por fin empecé a mover las manos. Él sonrió.
- No me puedo creer que solo vayas a ver a Gryffindor, aunque si les has visto también habrás tenido que vernos a nosotros, hemos jugado contra ellos- me llevé un dedo a la boca confusa, se le hubiera visto me habría acordado, estaba convencida. De pronto sus labios me dieron la solución.
- Fue hace un mes o algo así, no pude atrapar la snitch- mis ojos se abrieron como platos, ¿era posible que Cedric Diggory fuera el buscador de Hufflepuff? ¿Por qué demonios era tan inaccesible? ¬¬ No, no debía pensar en eso, era guapo y simpático, nada más.

Tras hablar un poco sobre el deporte rey en el mundo mágico Cedric me dijo que también era el capitán del equipo, pero que no estaba seguro de hacerlo bien del todo. Oliver Wood siempre le sorprendía. Era cierto que el novio de mi hermano Ninde era un adicto al tema, de todos modos yo suponía que el chico con el que hablaba podría estar a las alturas de las circunstancias si se lo proponía. Tras pensar varias cosas me había dado cuenta de que no era bueno seguir dándole vueltas a lo del chico aquel. Amigos, no estaba tan mal. Por una vez había hecho un amigo por mi cuenta, así que debía estar contenta, además… ¿qué un chico sea guapo significa que automáticamente te gusta? Que de estupideces…

El tiempo seguía pasando, y cada vez que el capitán de hufflepuff y yo nos encontrábamos me daba cuenta que nuestra "relación" se consolidaba, amistad, juegos y palabras encantadoras, de todo eso estaba llena mi vida. Sin embargo los sucesos de la cámara y que Harry acabara en la enfermería me aguaron ese año, además de la petrificación de Hermione, que tampoco fue plato de buen gusto. Cuando Dumbledore quiso hablar con Harry a final de curso nosotros también estábamos allí, de modo que tuvimos que salir de allí, entre gruñidos y palabras de desagrado. Ninde llamó al director de todo y yo sonreí, al igual que Serenity, a ambas nos caía bien, pero oír esas palabras nos hizo sonreir, sin poder evitarlo. Ary no paraba de mirar hacía la puerta donde Harry se encontraba, ambos se gustaban, pero aún no se habían dicho nada. Mi hermana pequeña les observaba, sin saber que Ron la miraba a ella. Suspiré pesadamente.

No se si era por la tensión o porqué, pero todos me miraron, y al oír pasos todas las cabezas se volvieron también hasta ahí: Ninde, Ary y Serenity sonrieron, Ron puso su típica cara de perro enfadado y el mismísimo Cedric Diggory se acercó a mí. Esta vez sentí como todas las miradas me taladraban y, en cierta medida, me ahogaban.
- Hola a todos- mis amigos le devolvieron el saludo, algunos, porque no decirlo, más enfadados que otros y él se volvió hacía mí. Los nervios ya no asomaban bajo mis ojos ni el calor en la boca del estómago era tan sofocante como antaño, sin embargo en esta ocasión todos estos síntomas me atacaron a traición, pues la mano del guapo joven rodeaba en esos momentos la mía- me he enterado que Potter está en el hospital, ¿está bien?- ¿por qué no me sueltas la mano, Cedric?- me hubiera gustado gritarle, pero me quedé allí, plantada como una imbécil explicándole sobre el estado de Harry.

- Estupendo, pero... menudo susto- por fin soltó mi mano para rebuscar en su bolsillo durante un segundo. Tal vez él no se hubiese dado cuenta, pero mi mano estaba incandescente, caliente, sudosa... Miré a mis amigos, las chicas me miraban con picardía, por eso volví rápidamente los ojos hacía él.
- Mi dirección, ¿crees que sería posible...? Si tus padres te dan permiso... - agarré el papel, como si del antídoto de un virus mortal se tratase, y asentí- entonces nos veremos seguro- lo que hizo a continuación fue sorprendente a la par que maravilloso, se inclinó ligeramente y sus labios cayeron sobre mi mejilla, delicadamente- cuídate- tras darme un pellizco suave en la mejilla desapareció, perdiéndose en el pasillo... Era obvio que tendría que dar muchas explicaciones, pero en esos momentos no lo deseaba. Me toqué el carrillo, justo donde sus labios habían estado y supe que mi vida iba a dar un giro espectacular...

domingo, 10 de junio de 2007

Capítulo 1: La primera vez que nos vimos...

Ahora es contaré la primera vez que Raven y Cedric se encontraron. Espero que os guste. Besitos a tod@s.

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Recordaré ese día mientras viva, esa situación, esos momentos maravillosos y también los instantes tristes que precedieron a ese instante lleno de luz y color. Acababa de discutir con mis hermanas, todo el colegio pensaba que Harry podía ser el heredero de Slytherin, todos nos habíamos empecinado en ello, no nuestro Potter, él nunca sería el dueño del legado de esa maldita serpiente bastarda. Estábamos en la biblioteca cuando mis hermanas me dijeron aquello: tal vez sea una heredera y no un heredero. Levanté la vista, bajo sus miradas acusadoras me sentí la peor persona del mundo.

- ¿De verdad crees qué yo puedo ser la heredera de Slytherin?- mi mano descansaba sobre mi pecho y había hablado con un hilillo de voz, como siempre que me comunicaba mediante las cuerdas vocales. No lo hacía mucho, y la verdad es que si hablaba era solo con mis hermanas y mi prima.
- Yo no he dicho eso, Rav- contestó Ninde, con una extraña luz en la mirada- pero... el heredero puede no estar en esa casa, mira lo que pasa con Harry...
- Estupendo, hermana, me parece genial- fue recogiendo mis libros uno por uno, mientras que mi mirada se nublaba por momentos.
- Raven, por favor- mi melliza pequeña aguantó mi muñeca, para que no me fuese, pero sus ojos eran clavados a los de nuestra querida Ninde.
- Tú piensas lo mismo- no fue una pregunta, fue una afirmación, estaba convencida que ella compartía la opinión de la chica morena que nos acompañaba. Solté el brazo con violencia, metí los libros en la bolsa y salí de la biblioteca a la carrera.

Cegada por las lágrimas ni siquiera sabía hacía donde me dirigía. Lo único que lograba ver eran mis propios llantos, dibujados con pintura negra y transparentes mis carrillos. Me detuve, ¿dónde demonios estaba? Ese sitio no me sonaba lo más mínimo, ¿qué era aquello? Era un lugar más bien oscuro, pero no tenía nada que ver con las cavernosas mazmorras de Slytherin, aquello era mucho más cálido, se parecía más a un hogar que los oscuros sótanos de las serpientes. Sollocé de nuevo, acababa de perderme en el castillo, y muy imbécil de mí... continuaba llorando como una histérica.

Me senté en el suelo, aquello no tenía nada que ver conmigo: yo no era la heredera de Slytherin, ¿por qué mis hermanas dudaban de mí de aquella manera? Estos pensamientos me ofuscaron, por eso me levanté de sopetón, sin darme cuenta que alguien estaba en frente de mí, de modo que nos dimos un desmesurado golpe. Automáticamente me llevé las manos a la cabeza y gruñí, me había dolido bastante. Iba a abrir los ojos y levantar el puño a modo de advertencia cuando lo vi: un chico algo mayor que yo se sobaba la barbilla repetidas veces, él también tenía que haberse daño. La verdad es que con tanta oscuridad ni siquiera sabía como era su cara.

- ¿Estás loca?- exclamó él, lo cierto es que su voz era grave, pero refinada. Levanté las manos para gesticular, pero cualquier intento habría sido inútil pues no me vería. Ni corta ni perezosa saqué la varita y dominada por mis pensamientos esta se encendió dejándome ver al chico que tenía delante: un ángel, un ser celestial de rubios cabellos y ojos verdes me observaba con el ceño levemente fruncido.


¿Guapo? Decirle guapo se quedaba corto ante esa cosa tan bonito, era... perfecto, simplemente perfecto. Se me quedó la boca seca, no era capaz ni de gesticular. De repente los ojos del chica cambiaron un poco para enfocarme mejor y su expresión se volvió algo más cauta.
- ¿Te he hecho mucho daño?- preguntó viendo las lágrimas que decoraban mis mejillas. Negué con la cabeza, el golpe no había sido tan doloroso como lo que acababa de pasarme- ¿te has perdido?- a esto le sonreí, pues no sabía donde me encontraba. Me sequé las lágrimas y me coloqué bien las vestimentas para recoger mis libros del suelo.
- Te acompañaré a la salida. Estás en las dependencias de la Casa de Hufflepuff- dijo orgullosamente mientras se señalaba la insignia de prefecto. Asentí de nuevo. Me resultaba extraño que aún no me hubiese preguntado si yo era muda, sin embargo no lo hizo, sino que se puso delante de mí y me fue guiando, hasta que aparecimos en uno de los pasillos que yo reconocía.

Él se paró de golpe, y entonces me di cuenta de lo alto que era, ¿cuántos años tendría, 14, 15? Apreté los libros contra el pecho, ¿qué se supone qué debía hacer? No hice nada, simplemente me quedé observando su espalda como una boba, así me encontró cuando se volvió, para sonreírme, enseñándome, ahora a la luz de la tarde, sus relucientes dientes.
- Si vas por ese pasillo encontrarás la escalera que te llevará a tu Sala Común- sus ojos se posaron sobre mi escudo y luego en mi confuso rostro- eh... ¿hace falta que te acompañe hasta arriba?- moví la cabeza de izquierda a cabeza por tercera vez y él me observó con curiosidad, como dudando, pero enseguida sus pensamientos se dispersaron y me hizo una pregunta, a boca jarro- ¿puedo saber tu nombre?- se me tuvieron que alterar las facciones por completo, porque las suyas sufrieron un leve cambio. Para evitar ese momento tan incómodo arranqué un trozo de uno de mis pergaminos y con la varita lo señalé, mi nombre apareció en él con letras moradas y se lo tendí.

- Raven Darkangel- leyó y fijó de nuevo sus expresivos ojos en mí- yo soy Cedric Diggory- y me tendió la mano, me aferré a ella y la apreté para luego soltarla- es un placer conocerte Raven, y perdona por el golpe de antes- enseguida me señalé a mí misma echándome la culpa, me preguntaba si me entendería, porque muchas personas no eran capaz de hacerlo. Sin embargo él pilló los conceptos a la perfección- no, tú estabas sentada, no podías verme llegar- hice otra serie de gestos, él asintió- si estabas llorando es normal que no vieras por donde ibas, no te preocupes, ¿vale?- enrolló el pergamino y se lo guardó en uno de los pliegues de la túnica. Luego volvió a estrecharme la mano y desapareció de mi vista.

Me quedé clavada en el suelo, viendo como se iba, viendo como se perdía por el pasillo. Comencé a caminar como una autómata, tan lentamente que tarde al manos diez minutos en llegar a la puerta de la Sala Común. Cuando llegué muchos estudiaban, por ello hice el ridículo de mi vida, pues entré bailando y me dirigí hasta el dormitorio, donde mis hermanas, mi prima y mi amiga Hermione me observaban con preocupación.
- ¿Se puede saber dónde te has metido?- me increpó Ninde, con la voz visiblemente temblorosa a causa de la preocupación. No contesté, sino que me quité las botas y empecé a desmaquillarme frente al espejo- Raven Margaret Darkangel, ¿me estás escuchando?- por fin salí de mi ensimismamiento y la observé, moviéndome las manos, dándole a entender que había estado por ahí.
- Ninde, mejor déjala- le consejó Ary, a la que le habían contado todo y veía a veces más allá que las demás.
- Espero que mañana nos cuentes todo- susurró Sery y se echó en la cama para continuar observando el ajedrez que tenía delante.

Me metí en la cama y me quedé dormida: sin dudas Diggory era el chico más guapo que había visto hasta la fecha, eso si obviamos al novio de mi hermana Oliver Wood, que era bastante mono. Aunque claro... ¿cómo iba el prefecto de hufflepuff a fijarse en la pequeña rata de biblioteca negra?




Sobre Raven

Pues la verdad es que Ravencita tiene historia, la ideé pensando en hacerla diferente a todos los personajes que había tenido, de manera que lo primero que hice fue cambiar su aspecto: mi anterior personaje en rol ( Selene Kazama, amazona de Acuario de Saint Seiya) era morena y de ojos verdes oscuros, de modo que Raven tenía que ser rubia.

Pensando que en este rol son personas reales me devané los sesos hasta que encontré a la persona perfecta para el papel: una jovencita rubia, de aspecto fragil pero con un toque oscuro, de modo que tras mucho divagar dar vueltas por la red y desesperarme Avril Lavigne fue la elegida (todos los derechos reservados, que conste) . Luego estaba la personalidad, de nuevo cambio radical, si Selene era decidida, contestataria y atrevida Rav sería todo lo contrario: tierna, dulce, delicada, tímida, y no solo eso, sino que también aparentaría ser una Slytherin de cabo a rabo para luego dejar ver su corazón Gryffindor.

Además de esto siempre pasaría desapercibida, y no sería hasta que se enamorase cuando diese todo de ello. Esta es su historia, según me de la cotnaré en primera, segunda o tercera persona (Sery me dio la idea, te quiero, neesan ^^). Y aquí empieza mi relato:

Raven Margaret Darkangel es la segunda hija (ella y su hermana Serenity son mellizas, pero ella llegó al mundo dos minutos antes) de Taner Darkangel, amigo íntimo de Lucius Malfoy y mortífago de toda la vida. Su hermana mayor se llama Ninde y para ser feliz huyó con su verdadero amor: Sirius Black. Su madre era hija de muggles: la guapísima Elisabeth Velmont. También tienen una tia, Victoria, pero nunca han llegado a conocerla en persona.

El padre de las Darkangel siempre había sido frio como el hielo, pero la madre de las chicas había conseguido cambiarlo. Sin embargo cuando Serenity y Rav tenían nueve años y Ninde 13 la madre cogió una extraña enfermedad incurable y murió. Esto hizo mucho daño a las chicas, pero Raven fue la que peor lo exteriorizó, dejó de lado al mundo, casi no comía, apenás dormía y dejó de hablar. Le costó tres años recuperarse, y para aquel entonces ya todos la consideraban un bicho raro en el colegio, excepto sus hermanas, amigos y u queria prima Aredhel.

En segundo vio por primera vez al que sería el amor de su vida: Cedric Diggory, se conocieron y empezaron a ser amigos, pero la rubia no tuvo el valor de decirle nada, pues creía que el joven buscador no sentía nada por ella. Tras tres años en Gryffindor por fin pronunció sus primeras palabras y fueron dedicadas a Cedric Diggory, desde entonces jamás se separaron, o eso pensó ella.

sábado, 9 de junio de 2007

¿Por qué me gusta Cedric Diggory?

Bueno, todo empezó en el año 2001 xD Cuando mi compañero de piso, la genial Ana Potter, me dejó el cuarto libro de Harry Potter, era el primero que me leía (sino recuerdo mal) y la verdad es que cuando apareció ese muchacho con su padre no me hizo especial chiste. Cuando lo nombraron camepón, su padre comenzó a fardar y él le dijo que no era cierto, creo que ahí fue, me encantó, y de recordar el nudo de la garganta que se me hizo al final del libro pos ahi queda.

No se como me lo imaginaba, ciertamente, pero entonces llegó el verano del 2005, mis compis de clasa (mis pergoletas ^^) y yo estuvimos haciendo para la facultad una revista de cine. Nea hizo una seccoón sobre novedades y puso Harry Potter y el caliz de fuego y... puso una foto de cada campeón, ¿qué decir? era mejor de lo que esperaba, guapo, alto, rubio, ojos claros. Aunque de aspecto no se parezca al del libro he de reconocer que me gusto más.

Solo eso, ah, y para mi novio, que él es lo primero y que lo quiero más que a nada en este universo. Eres el amor de mi vida, y eso no lo puede cambiar ningún actor famoso. JUNTOS FOREVER

Y para mis moninas, gracias de nuevo, os quiero mucho ^^

Gracias a mis hermanitas ^^

En primer lugar quiero darles las gracias a mis dos moninas del alma, mis hermanas Ninde y Serenity Darkangel. La verdad es que no me lo esperaba, en serio, me habéis emocionado, tías.
La semana pasada cuando las dos os hicisteis uno pensé en yo también unirme, pero me pareció copiarse xD La verdad es que me habéis leído el pensamiento, como siempre, sois las mejores, chicas. Ahora, si me ayudáis un poquito quedará estupendo ^^ De nuevo os doy las gracias y os repito los maravillosas que sois. Os quiero con toda mi alma, vuestra hermanita: Raven Margaret Darkangel.