martes, 30 de octubre de 2007

Y AHORA ELT RABAJO xD

Si, ahora me retiene el trabajo, pero prometo volver a ponerme cuando todo acabe, muchos saludos: Rav

lunes, 3 de septiembre de 2007

DE EXÁMENES Y ALGO IDA

Se que no me lee mucha gente, pero en cualquier caso xD, estoy de exámenes, por si alguien se pasa y ve que no sigo, se debe a eso, pero cuando tenga las pilas cargadas intntaré volver a ponerme en serio. Se os quiere ^^

domingo, 12 de agosto de 2007

Capítulo 12: ¿Y si fuese cierto?

Acababa de cruzar los brazos sobre el pecho con decisión, si Cedric se desahogaba seguramente conocería más prontamente los motivos de sus acciones, aunque casi con total seguridad ya no las creyese. Mi elaborada y calculada pose duró bastante poco, pues tiró de mi mano y me hizo sentarme en una silla, para poner otra enfrente y hablar de un modo más confidencial, aunque no hubiese nadie más en aquel comedor. Se quitó la capa y la pajarita, después se remangó la camisa y suspiró. De esta guisa se sentó. Yo aproveché para quitarme los zapatos, pues tenía los pies destrozados. Bonitos pero asesinos <>.

Nos miramos, como calculando el siguiente paso a dar, sabía que era imposible, pero… ¿se acababa de detener el tiempo? No, sólo había sido mi imaginación, seguro. Sin ningún tipo de florituras subí las piernas a la silla y me acaricié los doloridos pies. Mi ex novio seguía observándome, como en trance, pero no se decidía a hablar.
- Vamos, no tiene que ser tan difícil- pronuncié, y no sabía porque, pero le estaba dando ánimos, no estaba segura cual era el fin, pero lo había hecho, ya no había vuelta atrás. Se sirvió un ponche y me sirvió otro a mí. El suyo se lo tragó en dos sorbos. Después comenzó su historia.

Todo empezó precisamente la noche en la que el profesor Dumbledore anunció el torneo. Te prometí que no lo haría, y pensaba cumplir aquellas palabras hasta el final. Entonces mis compañeros de clase insistieron, lo hacían a diario, y cada vez se volvían más persistentes, iba a desaprovechar una oportunidad de oro, según ellos, e iba a hacerlo por una chica.
- Eres un cobarde, Diggory- me picaban.
- Dejadme en paz, me importa un bledo la fama. No me interesa la gloria eterna- así les contestaba yo a ellos. Sin embargo ese día lo vi claro, tenía que presentarme yo, y únicamente yo, no porque fuera el más experto, tampoco porque fuera el más arrojado, iba a hacerlo pos celos. Faltaba muy poco para que nos anunciaran los campeones, iba a la biblioteca a leer sobre unos asuntos y allí estabas, abrazando a Oliver Wood. A la mierda mis promesas, a la mierda todo, estaba tan enfadado que arranqué un trozo del pergamino que llevaba encima y escribí mi nombre en él. Cuando los chicos de mi casa me vieron meterlo en el cáliz no se lo podían creer, y me vitorearon, por fin había entrado en razón. Tus amigos me observaron, sin embargo dieron por sentado que tú lo sabías.

No volví a verte con Wood, y me odié a mí mismo por haber actuado siguiendo únicamente a mis celos. Recé para que no fuera mi nombre el que el director dijese aquella noche, sin embargo así lo hizo, y me quedé tan impresionado que no fui capaz ni de mirarte a la cara. Cuando hablamos te dije que habían sido mis amigos los que me convencieron para presentarme, pero si ahora te soy del todo sincero te puedo decir que únicamente lo hice porque pensé que él te gustaba más que yo, por celos.

Cuando el conserje nos encontró besándonos en el hall y supe que no iba a estar contigo nunca más me sentí triste, pero también comprendí que no podía estar destrozado siempre. Entonces quisiste hablar, pero mi orgullo se apoderó de mí, y la visión de Oliver contigo me hizo humillarte, estúpidos celos. Luego llegó el baile, este estúpido baile y era necesario que yo también viniese, a fin de cuentas soy campeón, y estaba convencido de que los profesores me obligarían a asistir. No me atrevía a pedírtelo, después de lo ocurrido en los jardines era obvio que no querrías saber nada de mí, de modo que se lo propuse a Cho. Supongo que porque es popular, porque es guapa, pero principalmente porque es mi amiga.

Escuché todo su relato en silencio, como si aquello no fuese conmigo, sin embargo estaba siendo totalmente revelador. ¿Celos? Yo lo había comprobado en el mundial, Cedric podía dejarse llevar por sus emociones, sin embargo, esto era… real. Cedric estaba convencido de que el chico que me gustaba era Oliver. Suspiré, y aunque intenté evitarlo mi mano se posó sobre la suya.
- Oli es muy guapo- mentir sobre eso a aquellas alturas era estúpido- pero… no siento nada, a parte de cariño, por él. Si me conocieses un poco lo sabrías- y retiré la mano, colocándola sobre mi regazo.
- Nunca antes había estado celoso de nadie, jamás- aquello era obvio, siempre había tenido a las chicas que había querido, siempre había sido el primero en todo- pero… pensar en verte con él era superior a mis fuerzas- volvió a apretar los dientes, no era exactamente enfado lo que yo veía en sus ojos, lo habría catalogado más bien de frustración. Me bebí el contenido de mi vaso de un trago y volví a exhalar un poco de aire, ahora era mi turno.

- Asistí al baile con Oliver porque vi como se lo pedías a Chang. Casi se me cae el mundo encima, ¿sabes? Me fui a la biblioteca llorando como una histérica. Oli me encontró allí, me consoló y me lo pidió, y yo no deseaba… darte la satisfacción de verme sufrir.
- No quiero que lo pases mal, Raven, quería que tú vinieses conmigo.
- Y yo quería ser tu pareja- me fallaban las fuerzas, y sobre todo el orgullo, que se partía en mil pedazos delante de mis ojos, cayendo por mis mejillas.
- No llores- Cedric acababa de ponerse en cuclillas frente a mí, y ahora una de sus manos descansaba sobre mi rodilla, y la otra arrancaba lágrimas de mi cara. Yo seguía sollozando como un idiota- por favor…- acarició mi mejilla con mimo y me plantó un beso en la frente, sin darme tiempo a pensar o a retirarme. Me sonrojé, hacía mucho tiempo que no me tocaba de aquella manera. Más aún, sentía cierta incertidumbre por los futuros acontecimientos. “¿Y si los celos volvían a apoderarse de ti?”

¿Volvería a ser todo como había sido antes de ese endemoniado torneo? El orgullo ya estaba tirado por el suelo. Sin embargo… aún había algo que me desconcertaba, algo que no acababa de cuadrar. Quizás fuese esa vocecita racional llamada cordura, quizás mi cerebro estuviese ganando a mi corazón, porque acabé separándome de él. Me puse los zapatos y me levanté.
- ¿A dónde vas?- él se acababa de dar cuenta de lo que me pasaba, de que deseaba pòner tierra entre nosotros dos. Estaba dudando, no era tan fácil, aún con aquella explicación pesando sobre mis hombros, creerle con tanta sencillez.
- Necesito pensar- no es que le estuviese echando nada en cara. Tampoco dudaba de sus explicaciones y de sus muestras de cariño, lo que realmente me atormentaba era la posibilidad de que esos hechos se repitiesen, de volver a sufrir, y no únicamente yo, debido a estúpidos celos y malentendidos. ¿Podríamos soportar de nuevo ver como el otro se paseaba junto a alguien que no éramos ni él ni yo? Yo sabía que no iba a poder enfrentarme a situaciones semejantes. Tiempo, eso era lo que yo necesitaba.
- ¿Sobre qué es necesario qué medites?- seguramente pensaría que con soltarme todo aquello era bastante, pero, no, para mí no lo era, y sabía exactamente porqué. No quería que volviese a repetirse, nunca más.
- Dame un poco de tiempo, por favor, si esto volviese a pasar, no podría soportarlo- sus ojos brillaron un segundo, o quizás durante un lapso más amplio de tiempo, porque no lo vi, ya que había salido corriendo a toda velocidad. Había huido todo que me habían dado mis piernas de sí.

Por fin me detuve, estaba en el puente que unía el claustro con la zona común. Aún era de noche, de modo que por allí no pasaba un alma. Me sentí… relajada, lo único que yo necesitaba era tranquilidad, de modo que ese lugar había sido una buena elección de mi inconsciencia. Mis pasos eran lentos, pues ya no podía más, los tacones me estaban destrozando. Me detuve en esos momentos y me los quité, menudo alivio para mis maltratados pies, eso estaba mucho mejor. Tras poner los zapatos en el suelo y masajearme los puntos doloridos, me asomé por la barandilla, la leve brisa despeinó mis cabellos, pero no me importó, la fiesta ya había terminado. Hubiese deseado que aquel viento recorriese todo mi cuerpo. Busqué en mis ropajes, la varita la había dejado en el dormitorio, y no conocía un hechizo silencioso que me ayudase a conseguir mis propósitos. De modo que hice algo descabellado, algo absurdo, y además peligroso: me subí a la barandilla.

Si yo hubiese sido mínimamente alta mi cabeza hubiese chocado contra la techumbre que recorría el puente, sin embargo, no lo era. En primer momento me agarraba desesperada a una de las barras verticales que unían el techo y la baranda, pero el miedo desapareció enseguida, nadie me había obligado a subirme ahí, así que era mi responsabilidad, y yo, al menos antes, era responsable. Solté la seguridad que me otorgaba aquel trozo de madera y abrí los brazos, en cruz. El relente me recorrió entera, y tras muchos días de soledad y tristeza me sentí viva. Quizás las explicaciones de Cedric hubieran ayudado, en cualquier caso, ahora la brisa era mi único pensamiento. Ni celos, ni posibles nuevos problemas. Cerré los ojos, tenía los pies helados, pero ya no importaba, quise cambiar de posición, y aquello fue mi mayor error, pues uno de mis pies falló y entonces pensé que aquella no había sido tan buena idea.

Un grito desgarrado salió de mi garganta cuando me precipité al vacío. “Así que este es el modo en el que acabo. Hermanas… Ary, amigos…este es el final. Debería haber vuelto con él, todavía te quiero… te amo más que a nada en este universo.”
- Cedric…- esa fue la palabra final que pronuncié. En cualquier caso nunca terminé el recorrido hasta el abismo, pues me paré en seco y comencé a subir lentamente.
- ¡¡¡Raven!!!- alguien me llamaba desde el puente. Debía de ser un mago poderoso, porque había parado la rápida caída y ahora usaba el wingardium leviosa para subirme, y el ascenso no era en absoluto brusco. Solo podía ser una persona…él. Finalmente llegué arriba y me encaramé a la barandilla para tirarme, literalmente, contra el suelo, aunque nunca choqué contra aquel duro conjunto de piedras, pues los brazos del campeón de Hogwarts ya me aprisionaban contra su cuerpo. Miré hacía todos lados, pero no encontré ninguna varita, ¿lo había hecho únicamente con la mente? Aquello era impresionante, incluso para un chico se séptimo sobresaliente. Iba a preguntar, pero no me dejó articular palabra.
- Idiota- masculló, con la voz tan ronca que no parecía la suya- ¿cómo se te ocurre hacerme esto?- me apretó más fuerte, y me di cuenta que estaba temblando, pero no solo eso, también lloraba, pues sus lágrimas mojaban mi hombro.

Mi mano fue a parar a su cabello, castaño, brillante, suave, me encantaba aquel tacto.
- Lo siento mucho- no es que fuera una respuesta muy buena, pero al menos era una, la única que fui capaz de ofrecerle en esos momentos.
- No me asustes nunca más así, eres tonta- parecía un crío al pronunciar esas palabras, pero me encantaba, mi otra mano fue hasta su nuca- si te llega a pasar algo… yo….me moriría- los sollozos que escondía tras esa falsa ronquera cayeron sobre mí como un huracán, que atormentaba mi alma.
- Perdóname, por favor- el verle llorar de ese modo era tan doloroso… nunca lo había visto así.
Él siempre se comía los llantos, siempre ocultaba sus lágrimas, sin embargo ahora no reprimía esos sentimientos, sino que los lanzaba a diestro y siniestro. Acababa de emocionarme… estaba así por miedo a perderme, ¿qué pensaría yo si se hubiesen cambiado las tornas? Exactamente lo mismo, me pondría como una loca, mis manos separaron su carita manchada de pena de mi hombro, y estaba más guapo que nunca… con esos preciosos ojos verde jade brillando por la pena.
- Estás llorando- mis ojos tampoco estaban precisamente secos, sabía que podía ponerme a llorar en cualquier momento.
- No- mintió, pero yo ya le limpiaba los ojos, como hubiese hecho una madre cuyo hijo acaba de pelarse las rodillas.
- No quería matarme, te lo aseguro, fui una estúpida, intentaba que el aire recorriese todo mi cuerpo- menuda explicación estaba dando xD- pero… no quiero morirme, todavía no, ¿sabes? Quiero ver como ganas este torneo, como haces que Fleur Delacour muerda el polvo…- bueno momento precisamente para eso, si, señor- quiero estar contigo.
- Querías pensarlo… no estabas segura- mis manos seguían en su cara, pero pronto cambiarían de posición.
- Ya no. Cuando estaba contigo era feliz, y ahora soy desgraciada. Es sencillo, ¿no? Necesito que estés conmigo.
- ¿Por qué?- mis manos ahora estaban sobre su pecho, sensualmente.
- Porque estoy enamorada de ti- en esos momentos era yo la que tenía abnegados los ojos de lágrimas. Nos miramos un momento más, Ced agachó la cabeza, yo parpadeé, una vez, dos, tres, y cuando abrí los ojos pensando que podría mantenerlos así, tuve que cerrarlos de nuevo. Bebí de aquel beso como nunca en toda mi vida, y dos nuevas lágrimas más recorrieron mi semblante.

Las manos de Cedric acariciaron suavemente mi cabello, que había perdido todo el esplendor de las primeras horas de la noche, y volvía a estar suelto. Yo le agarraba fuertemente por el pecho de la camisa, como evitando que se fuese de mi lado, reteniéndole.
- Te quiero- murmuró entonces él, con sus labios apretados contra mi boca entreabierta, por respuesta recibió un nuevo beso. Empezaba a hacer frío, sin embargo nos permitimos seguir allí por un largo rato más.




Capítulo 11: Preparativos y fiesta

Elegir un vestido, complementos y un maquillaje adecuado más que ser un motivo de divertimento para mí era un sufrimiento sin límites. Sin embargo todas las chicas estaban contentas, Aredhel iba a ir con el gran Harry Potter, y por fin Ron se lo había pedido a Serenity. Ninde por su parte no parecía muy animada, y no porque yo fuese a asistir a esa fiesta con Oliver, pues no lo sabía, sino por otros motivos que ni Sery ni yo entendíamos, ella no los comentaba con nosotros. Sin embargo ese día si lo haría.

Fuimos a hacerle una visita a la enfermería y estaba llorando desconsoladamente, hacía años que no la veíamos así.
- ¿Qué tienes, Ninde?- preguntó Serenity tomando la mano de nuestra hermana.
- ¿Es papá?- aventuré yo, pero ella negó con la cabeza.
- Entonces es un problema amoroso- terció Aredhel. Mi hermana mayor se desahogó un poco más, y tras recuperar la voz nos contó la verdad, se había enamorado de Sirius, y habían estado viéndose a escondidas, hoy acababan de besarse.
Mi prima, mi hermana y yo comenzamos a armar jaleo. Aquello no era para ponerse triste, un beso significaba que él estaba interesado. Tras oír nuestras teorías la loca de Ninde, sonrió, seguro que las cosas acaban saliendo bien.

Tras animarse nos miró con interés y preguntó por el baile. Sery juntó las manos y nos relató como Ron, de un modo totalmente torpe y lindo le había pedido que la acompañara .Ella había aceptado por su puesto, y ahora no sabía que traje ponerse. Ary se metió con ella un rato, y nos contó como Harry la había besado y le había pedido que fuera al baile con él. Serenity apretó los dientes y yo asentí, pensando en mis cosas, por fin mis tres amigas hablaron.
- ¿Cómo estás?- preguntó mi melliza.
- ¿Yo? Bien.
- Hace meses que no estás bien, nena- dijo Ary.
- Se lo he oído a unas chicas de Ravenclaw- Ninde suspiró- Cedric va a ir con Cho Chang al baile, ¿verdad?
- Oh, eso… si, va a ir con ella- respondí jugando con una de mis pulseras de cuero.
- Raven, él es tu novio… yo le partiría al cabeza a esa tía- para mi melli era normal que yo me molestase.
- No, ya no lo es. Hemos roto- las miradas de mis hermanas y mi prima me taladraban, en parte estaban confusas y también desilusionadas, porque no se lo había contado con anterioridad.

Fruncí los labios, intentando contener las ganas de llorar, Sery me rodeó con sus brazos y Aredhel y Ninde me miraron, con tristeza.
- ¿No piensas ir al baile?- mi prima retiró un mechón de cabello de mi cara al hacer la pregunta.
- No tiene nada de malo, si ha decidido no ir debemos respetarlo- Ninde era muy comprensiva. Era como nuestra madre.
- Si voy a ir. No pienso darle a Diggory la satisfacción de mi sufrimiento.
- ¿Con quién?- preguntó mi melliza- no me digas que con Zabine, por favor- y me soltó, como si apestase xD
- No, claro que no voy a ir con él- ahora tocaba la parte más complicada, debía decirle a mi hermana mayor que le había prometido a Oliver ir al baile con él. Hice de tripas corazón y lo solté, como una bomba- voy a ir con Oliver.
- Mosquita muerta…- rió Serenity. Mi prima abrió los ojos desmesuradamente y todas las miradas se centraron en Ninde.
- Oliver es un encanto, lo pasarás genial con él. Además, ha madurado mucho, ya casi no habla de quidditch.
- Yo aún no lo he escuchado.
- Que fuerte, tía- Ary había perdido su típica cara de mutismo para fliparlo con mi noticia- le gustas a Oliver Wood- casi me estalla la cabeza de lo rojas que se habían puesto mis mejillas.
- No le gusto…- y moví la cabeza efusivamente en señal de negación.
- Le gustas- las palabras lapidarias de Ninde nos hicieron girar la cabeza.
- Cuéntanos lo que sepas- rugió Serenity, movida por la curiosidad.
- Ni hablar- y empezaron las risas. Al menos esta vez nuestro padre no estaba metido en nuestras preocupaciones.

Tras días y horas de obligadas compras y nervios a flor de piel por fin llegó el ansiado baile de navidad- Todas las chicas de la casa de Gryffindor estaban muy nerviosas, menos yo, que me quitaba las pulseras de tachuelas sin entusiasmo.
Abrí el baúl y allí estaba mi traje: negro como la noche. Me lo coloqué sin ningún tipo de estilo y me puse los zapatos de charol negro, eran de tacón y realmente bonitos. Sin embargo estaba tan apagada que permanecí inmóvil durante unos momentos, como una estatua. Seguidamente me puse los pendientes y me observé en el espejo: estaba horrible, el cabello caía sobre mi cara cual cortina y ni siquiera tenía ánimos para pintarme. Todas las chicas habían salido ya cuando mi hermana, que parecía una diosa griega con su vestido dorado, se percató de mi aspecto.

- Raven, por Dios- masculló, y moviendo su varita convirtió aquel desastre en algo totalmente diferente. Me miré en el espejo, ¿aquella era yo? Observé el escote que había creado mi hermana, desde luego aquel no era mi estilo.
- ¿Crees qué esto es adecuado?- nuestros ojos se encontraron, y mi hermana fue sincera conmigo.
- Se que estás sufriendo mucho por culpa de Cedric- susurró, con su suave voz- pero hoy vas a ser la pareja de Oliver, ¡¡¡de Oliver Wood!!! Tienes que conseguir que Diggory solo tenga ojos para ti, porque cariño, eres guapísima- su varita tocó mis labios y estos se volvieron de color rojo sangre.
- Gracias, hermana- y la abracé, pues había conseguido animarme- tú si que eres hermosa, así vestida pareces Helena de Troya- empezamos a reírnos, pero no pudimos decir nada más, porque oímos a Ron, que llamaba a Sery. Ella se colocó bien el peinado y desapareció por la escalera. Esperé un tiempo prudencial y la imité.

Mientras caminaba en dirección al lugar de celebración consulté mi reloj de pulsera, ¡¡llegaba tarde!! Aligeré el paso y llegué hasta las escaleras que comunicaban la primera planta con el hall. Ary estaba guapísima, con un traje rojo que destacaba sus rasgos. Junto a Harry charlaban animadamente con Roger Davies y Fleur Delacour. Viktor y Hermione también estaban allí, pero a Cedric y Cho no los veía por ninguna parte.
- ¡¡¡Raven!!!- alguien me llamaba desde el pie de la escalera. Oliver se había puesto guapísimo y no quería hacerle esperar. Bajé la escalera lentamente a causa de los zapatos y él me hizo una reverencia, para ayudarme a bajar el último escalón y plantarme un par de besos en las mejillas.
- Estás preciosa- me miró de arriba abajo y sonrió.
- Y tú estás deslumbrante- fue entonces cuando supe donde estaba Cedric, con Cho colgada del brazo me observaba desde la puerta del Gran Comedor. Levanté la barbilla altivamente y entré al salón sin mirarle y con la mano de Oliver alrededor de la mía.
- Me ha preguntado con quien venía, pero no se lo he dicho, ha debido de ser un mazazo para su ego.
- ¿A quién le importa su ego? Vamos a divertirnos.

Tras el absurdo y aburrido baile de apertura y algunos valses comenzó la verdadera diversión, con un grupo que tocaba como los mismísimos hijos de Satán. Las cervezas empezaron a hacer su efecto, y Oliver y yo comenzamos a movernos por la pista alocadamente, entre risas. Entonces Serenity y Ron aparecieron a nuestro lado. Mi hermana me dijo que Draco Malfoy no había parado de mirarla en toda la noche y que Ronald estaba bastante celoso, por eso no se separaba de ella ni a sol ni a sombra. Mientras Wood y Weasley charlaban de quidditch mis ojos se fijaron en Cedric, bailaba con Cho y estaba sonriente, era guapísimo, y esa noche brillaba con luz propia, la túnica de gala, el afeitado, el cabello levemente levantado con gel… Volví a la conversación con mi hermana y los chicos, era lo mejor.
- Krum… no es tan bueno- decía Oliver.
- No coincidimos en gustos…
Entonces Empezó a sonar una canción lenta. Ron cogió la mano de mi hermana y se largaron, mientras que yo permanecía inmóvil en la pista. Mi acompañante me tendió la mano y la tomé, sonriéndole, no estaba segura de aquello, la verdad.

Coloqué mis manos sobre sus hombros y él me tomó de la cintura. Con él aquello resultaba de lo más cómodo, a pesar de todo. Mis manos se deslizaron un poco más y acabaron rodeando su cuello, mientras sus brazos se aferraban un poco más a mi cintura.
- Hoy estás más guapa que nunca- noté que me ruborizaba, y le devolví el cumplido, de manera algo tosca- ¿sabes? No estaba muy seguro de que fueras a venir finalmente- sus ojos se movieron y los seguí. Cedric volvía a mirarnos, la cabeza de su chica descansaba sobre su hombro, y él la sujetaba de la cintura, sin embargo sus ojos estaban puestos en nosotros.
- Claro que iba a venir- me quejé, retirando la mirada del otro muchacho. Oliver tenía unos ojos preciosos, oscuros, intensos y seguramente nunca los había tenido tan cerca. Sonreí nuevamente, estaba convencida de que con otra persona no lo pasaría tan bien, o quizás… Volví los ojos un segundo hasta Cedric. Él bailaba con Cho y parecían felices. Suspiré y bajé la cabeza, ¿por qué había cambiado mi ánimo tanto en tan poco tiempo?

La mano de Oliver acarició su mejilla, haciéndome volver a sus ojos, y con ellos a la realidad.
- Él no te merece.
- No digas esas cosas. Cedric es un bueno chico, simplemente no pudo ser.
- Olvídale. Es el tipo de personas a las que les gusta romper corazones, y no quiero ver como asesina al tuyo.
- No es tan fácil olvidar, Oliver.
- Se que hay cosas que no son nada sencillas, ¿cómo no iba a saberlo?- de pronto dejó de sonreír, pasó a estar serio, como si pensase en otra cosa.
- Oli…- mi mano agarró su mentón con determinación- ¿qué he hecho? No quiero verte así.
- Es más bien qué no has hecho.

No entendía nada, ¿qué se supone qué yo había dejado de hacer?, no comprendía, y lo que más odiaba en el mundo era que no me hablasen con claridad. Sus ojos me observaron, como si fuese la primera vez que me viesen, y sus brazos me rodearon, en un contacto muy dulce. Retiró un mechón rebelde de mi cara y me habló cerca del oído, con una voz que era cualquier cosa menos áspera.
- No te has dado cuenta…- como si aquellas cinco palabras fueran suficientes, ¿eso es lo qué no había hecho? Pero… ¿qué es lo qué yo no había contemplado exactamente?
- No se de que me hablas- sus sonrisa se volvió un tanto diferente y ante mi atónita mirada hizo algo realmente inesperado, se inclinó un poco y sus labios rozaron los míos. En un primer momento me quedé totalmente sorprendida, y le devolví el beso, incluso cerré los ojos, sin embargo recordé algo: mi primer beso, y tuve que apartarme, incluso, considerando todo aquello, fue muy brusca.
- ¿Qué estás haciendo?- me retiré un poco más de su lado, sin embargo él agarró mi muñeca.
- Raven… escúchame un segundo.
- No pienso hacerlo- volví a hacer el intento de escaparme de allí, sin embargo me retuvo un poco más.
- Me gustas mucho- negué con la cabeza, esto sólo podía traer problemas- me has gustado desde que Ninde y yo lo dejamos- fui a decir algo, pero el monólogo continúo un poco más- no lo hago para olvidarme de tu hermana, estos son mis sentimientos- mis ojos tuvieron que ser el reflejo del más puro terror, pues acabó soltándome, cabizbajo.
- No sabía nada…- menuda respuesta.
- Perdóname. Ha sido un mal momento, se que aún quieres a Diggory- ¿tan obvio era?- siento haberte besado- en esos instantes era absurdo decir nada más, de modo que nos quedamos en silencio.

Y entonces, el chico al otro lado de la estancia se acercó hasta nosotros, su cara parecía una máscara de mármol, sin embargo sus palabras intentaron sonar neutras.
- ¿Estás bien, Raven?- la pregunta era para mí, sin embargo sus ojos se clavaron en Oliver como dardos venenosos.
- Claro- en esos momentos me dediqué a mirar por detrás de su hombro. Al parecer el tiempo había pasado sin que yo me diera cuenta, pues la sala había quedado completamente vacía.
Oliver soltó una carcajada, pero fue bastante poco alegre. Me dio dos besos y se marchó. Cedric y yo nos quedamos totalmente solos, pues su pareja parecía haberse esfumado también. Miré a mi ex novio de reojo: la nariz rota hacía ya años no estropeaba su cara, sino que la mejoraba. Me reñí mentalmente, nada de ponerse melancólica.

- Te ha besado- esas palabras me sacaron de mi ensimismamiento mental, y me tensé como la cuerda de una guitarra- sin embargo, has tenido el temple de rechazarle, ¿por qué?- nuestros ojos acababan de unirse, y supe que ahora no había odio en los verdes faros que me miraban.
- Oliver no me gusta. Te lo dije una vez. Es el ex novio de mi hermana y además… no pienso estropear nuestra amistad por esto- Cedric quería saber más, pero no sería yo la que se lo dijese.
- Eso me quita un gran peso de encima- me reí, con toda la ironía que reunieron mis acciones.
- Dudo que a la señorita Chang esto que me cuentas le parezca bien.
- No me importa lo que le parezca. Vinimos a este baile como amigos.
- Déjalo, no necesito tus explicaciones, no tienes porqué dármelas.
- ¿Y si quisiese hacerlo?- siempre igual, tenía que tener la última palabra, siempre tenía que tenerla. Le gustaba justificarse, era… idiota.
- Te diría que no lo hicieses- claro y simple. Cedric apretó los dientes, y sin saber porqué ni como me acerqué a él- pero… si eso te hace feliz, hazlo, me parece bien.

sábado, 4 de agosto de 2007

Capítulo 10: Dragones, princesas y caballeros

Los días pasaban lentamente, no sabía nada de Cedric, lo cierto es que era difícil mantener toda esa mentira si no me veían con él. El achaque de que entrenaba nuevos hechizos para las pruebas cada vez era menos creíble, aunque estuviera entrenando o estudiando hubiera venido a verme y eso todos lo sabían.
Sery también estaba bastante mal, discutía casi a diario con Ron, todo porque el muchacho estaba bastante celoso de que el cáliz hubiese elegido a Harry, aunque lo que más le dolía a mi hermana era ver como Ron babeaba cada vez que Fleur Delacour se paseaba delante nuestra.
La verdad es que los ánimos no estaban nada bien, lo único divertido era ver a Viktor Krum cortejar a Hermione en la biblioteca, ella me pidió que lo mantuviese en secreto y así lo hice. Esa noche al acostarme volví a mirar la foto de Cedric, era tan guapo, tantísimo, que a veces no sabía porque me había elegido a mí, aunque ahora ya no importaba, nunca más sería mío, nunca.

Lo cierto es que cada día me sentía peor respecto a la decisión que había tomado, yo estaba loca por Cedric, tal vez se hubiese equivocado, pero le quería y me había pedido perdón, quizás fuera ahora mi turno, recogí mis cosas y me dirigí hacía el patio, como había pensado allí estaba, con todos sus amiguitos, la verdad es que muchos chicos de Hufflepuff se quedaban mirando cuando yo pasaba, antes y después de empezar a salir con él. Aunque alguno de ellos, yo estaba convencida, no veía con buenos ojos mi relación con el prefecto de la casa.
Por si fuera poco los colegas de Cedric estaban haciendo campaña contra Harry en el torneo, al igual que Draco Malfoy, yo estaba segura que Ced no tenía nada que ver.

Harry se había acercado a hablar con él y la cara de mi antes novio no paraba de cambiar, para acabar pálida como la cera. Los compañeros de Hufflepuff no paraban de mirarme, cuando Harry acabó de charlar con Cedric me acerqué a él y le puse la mano en el hombro, se quedó sorprendido, tuvo un atisbo de sonrisa pero se volvió a quedar serio, aún así sus ojos seguían siendo tan sinceros como siempre, si tenía algo que oír iba a escucharlo, aunque quizás me equivocaba en mis conjeturas.
- Raven… cuanto tiempo, ¿qué tal?- Dios… que boca, me moría de ganas de besársela, <>
- Estoy bien, pero querría hablar contigo, es sobre el torneo
- ¿Ahora quieres hablarlo? Pues olvídalo, paso- cortante al máximo, ¿qué demonios le había ocurrido a ese imbécil?
- Pero ¿Qué dices? Parece que se te ha subido la fama a la cabeza.
- ¿Y qué? Esto es culpa tuya, espero que lo sepas, no pienso volver a rogarte, Raven, tenías razón, mejor así, pero ya que estás aquí, ¿qué querías decirme del torneo?
- Quería desearte suerte, porque pensaba que aún éramos amigos, pero ¿Sabes qué?, prefiero que gane Harry- me fui rápidamente, entré en el cuarto de chicas de un portazo, mi hermana lloraba sobre la cama, me tragué mis propias lágrimas y le ofrecí el hombro, se había peleado con Ron, yo no quería verla así, la abracé y le pedí que tuviera paciencia, ella asentía pero no estaba muy convencida, yo tampoco.

Las clases de defensa contra las artes oscuras este año eran más interesantes que nunca, como ya os he dicho, aprendimos con Alastor Moody las maldiciones imperdonables, era muy buen profesor, aún así yo prefería a Lupin, cada día me esforzaba con esa asignatura, aunque estaba triste, me sentía sola y notaba en mi interior mucho odio, pero a la vez algo diferente, tal vez añoranza y algo de melancolía. Por fin llegó la primera prueba, la de los dragones, habíamos ayudado a Harry entre Sery, Hermione y yo, la verdad es que las tres habíamos pensado lo mismo, pero por separado, de modo que acabó teniendo tres maestras a la vez, le enseñamos a hacer el encantamiento accio, lo cierto es que no era muy complicado, pero también contábamos con que Harry cogía las cosas a la primera y era muy fácil explicárselo, era bastante astuto. Ese día esperábamos las tres sentadas con Ron en las gradas, cuando salió Cedric mi corazón dio un vuelco, estaba uniformado con los colores de su casa: negro y amarillo, y como siempre estaba estupendo, guapísimo, encantador. Ary tomó mi mano, la verdad es que las dos nos encontrábamos en una situación parecida, en cualquier caso yo no podía estarme quieta.

Inconscientemente junté las manos y dije mis oraciones, recé porque no le pasara nada, porque acabase esa estúpida prueba enterito, juro que pensé que lo mataban, el dragón casi le arrancar un brazo en 2 ocasiones y luego la pierna, pero cuando peor lo pasé, sin duda fue cuando pude ver como el dragón le alcanzaba en la mejilla derecha, cerré los ojos y noté el brazo de Serenity sobre mis hombros.
- Abre los ojos, que tu novio está bien- dijo Hermione, suspiré y vi que solo se había hecho daño en el brazo y en la cara, pero el huevo dorado estaba entre sus manos. Ninde se acercó a él y le curó las heridas, bien hecho, hermana.

A Harry tampoco le fue mal del todo y también lo consiguió, pero decidí no quedarme a la celebración, en cuanto pude me escapé por uno de los pasadizos que Fred y George nos mostraban casi a diario y acabé en el patio, apoyada en la pared, noté el nudo en la garganta y luego las lágrimas cálidas que caían por mis mejillas, mierda, mierda y mierda, ¿Por qué me estaba preocupando por ese tonto creído? Un extraño desgarrón fue adquiriendo forma en mis entrañas, con cada nueva lágrima la herida se hacía más grande y dolorosa, al contrario de lo que hubiese deseado, las lágrimas no calmaban mi sufrimiento, sino que lo hacían más profundo, más asfixiante… más. Me levanté enseguida y volví a verle entrenar, sobre mi cabeza, salí corriendo y volví al castillo, tal vez él también estaba preocupado por nosotros… Imposible. Me estaba hartando, ya estaba bien, encima que había sido el imbécil de Diggory el que me había hecho esto y yo había ido a hablar con él me trataba como una basura, si quería guerra la iba a tener, con Raven Margaret Darkangel no se jugaba, eso estaba claro, vamos, clarísimo.

Al día siguiente la profesora McGonogall reunió a toda la casa para hacernos llegar una noticia: con motivo del Torneo de los Tres Magos se celebraría un baile, y como alumnos de Gryffindor deberíamos dar la talla en danza, pero sin lugar a dudas lo que nos revolucionó fue lo que dijo luego: al baile debíamos asistir con pareja, ¡lo qué faltaba!
Tras unos cuantos cotilleos nos quedamos callados y se produjo una divertida escena: la profesora sacó a bailar a Ron a modo de ejemplo, luego tuvimos que ponernos por parejas para ensayar, los chicos estaban de lo más reticentes, mientras que nosotras estábamos deseando empezar.
La búsqueda de pareja me resultaba un tema problemático, porque pensaba que nadie me lo iba a pedir, secretamente deseaba con todo mi corazón ir con Cedric, pero me lo pidió otra persona. Ocurrió en el pasillo, al parecer era el modo más convencional de hacerlo y se había puesto de moda o algo por el estilo.

Hermione, Serenity, Harry, Aredhel Ron y yo estábamos allí cuando un grupo de Slytherin capitaneado por Draco Malfoy se acercó a nosotros, <> pensé, pero estaba equivocada, Blaise Zabini, un muchacho de cabello negro, ojos verdes y piel oscura se acercó directamente a mí, su voz era grave y sonora, por eso todo el pasillo se volvió hacía nosotros cuando dijo:
- Raven Darkangel, ¿quieres venir al baile conmigo?
Los libros que llevaba en las manos de me cayeron al suelo, produciéndose el consiguiente cachondeo general. Él, galantemente, me los recogió, todo el mundo esperaba expectante mi respuesta, por un lado Blaise era muy atractivo: su largo cabello ondulado y sus ojos felinos le daban un aire exótico que hacía juego con el color de su piel, pero por otro yo aún esperaba que mi caballero de armadura reluciente viniera a pedirle a su princesa que fuera con él. Recibí un codazo, volví al pasillo, todo el mundo esperaba que yo dijera algo.
- Eh, bueno yo…, la verdad…- tomé los libros de sus manos y me quedé sin saber que decir
- Me lo imaginaba- dijo con una media sonrisa que producía contraste entre sus blancos dientes y su piel oscura- supongo que irás con tu novio.
- Probablemente- mentí- pero te aseguro que si no fuera así iría encantada contigo.
- Bueno, otra vez será- y ante las miradas atónitas de todo el pasillo tomó mi mano y se la llevo a la boca, depositando un caballeroso beso en ella, el grupo desapareció tras haberse burlado un poco y que Draco mirara a Sery como siempre. Mis libros volvieron a caerse al suelo.

Los días pasaban y Cedric seguía sin dirigirme la palabra, yo iba como un zombi a mis clases y no prestaba atención a nada más, por eso, tal vez tuvo que pasarme aquello. Doblé una esquina silenciosamente y vi a Cedric, estaba hablando con una chica occidental de rasgos finos y delicados, yo ya la había visto en más de una ocasión, era Cho-Chang, la buscadora del equipo de Ravenclaw, yo sabía que ellos eran amigos, y si os soy sincera no me gustaba nada, pero lo que veían ahora era peor.
- Entonces, ¿la preciosa buscadora de Ravenclaw aún no tiene pareja para el baile?- le decía él, con una de sus mejores sonrisas.
- Que va- aunque a mí me estallase el corazón al ver esas imágenes había que reconocer que hacían una pareja muy bonita.
- De acuerdo entonces, Cho, ¿te gustaría venir al baile conmigo?- ¿Cómo?, Cedric, mi Cedric acababa de pedirle a esa chica que fuera al baile con él, y esa chica no era ello
- Me encantaría- contestó ella, y todo mi mundo quedó destruido. No fui capaz de ver más. Simplemente salí corriendo y me refugié en la biblioteca, que casualmente estaba abierta.

Las lágrimas no me dejaban ver, por ello no me di cuenta que había alguien más y me senté en una de las mesas a llorar como una idiota, mientras mi mano, convertida en un fiero puño, golpeaba incansablemente la mesa de peral. Un golpe, dos, tres, así hasta veinte. Cuando mi mano ensangrentada iba a impactar por decimoprimera vez alguien agarró mi muñeca. No pude más que mirarle a la cara. Después mi cabeza cayó sobre su pecho y me rodeó los hombros, mientras descargaba todo mi dolor sobre él.

- Oliver…- susurré.
- Ya está, tranquila…
- ¿Cómo ha podido hacerme esto?- me abrazó con todas sus fuerzas, como si de ese modo el dolor se perdiese- tú me lo dijiste, y yo…
- Eso no importa ahora, vamos, dime que ha pasado.
- ¡¡¡Va a ir a ese baile con Cho!!!- los sollozos me desgarraron la garganta en ese momento- no quiero verle con ella, va a ser horrible…
- ¿Pretendes huir, quieres desaparecer por ese… chico?- estaba segura que buscaba un calificativo más blasfemo, pero fue capaz de retenerlo- la Raven que yo conozco no le daría el gusto a Diggory, la chica que yo admiro se pondría guapísima e iría ese baile, para demostrarle a ese idiota lo que ha perdida- la mano de Oli recogió mi mejilla y se llevó las lágrimas en ella- ven al baile conmigo…- mis ojos se abrieron como platos, el ex novio de mi hermana mayor me pedía una cita, ¿a mí?
- Ninde…
- Ella y yo terminamos el año pasado. Y sabes tan bien como yo que se ha enamorado de otro- asentí, Ninde nunca me lo diría, pero yo ya lo sabía. ¿Qué podía decirle yo en esos momentos? Nada, de modo que me quedé en silencio, con los ojos brillantes por lo que acababa de ver en el pasillo.
- ¿Te lo ha pedido alguien más?- moví enérgicamente la cabeza de izquierda a derecha, obviando que Blaise Zabini me había asaltado dos días atrás.
- Pero…
- Ven conmigo- sus manos retuvieron mi mano llena de sangre y me la vendó, delicadamente. Una estúpida sonrisa se dibujó en mi rostro. Sino iba a ir al baile con Cedric me agradaba la idea de ir con Oli, él me gustaba, de algún modo.
- Iré contigo- y me sequé las lágrimas, al menos no me quedaría en la Sala Común arrepintiéndome de no haber asistido a aquel evento.

Capítulo 9: El cáliz de fuego

Y de nuevo nos aguardaba otro curso a estrenar, nuevos retos, y sobre todo, nuevas dificultades en las que nuestro querido Harry se metería y nos haría partícipes. De eso estábamos todos seguros, nunca tendríamos un año normal en Hogwarts. Y allí estábamos de nuevo, enfrentándonos a nuestros primeros días en el colegio. En la mesa de Gryffindor todo seguía como siempre, ¿qué habéis hecho este verano? ¿Alguna novedad? Las chicas de la casa me observaban de vez en cuando y se reían, sinceramente, me lo esperaba, que la rarita de las Darkangel salga con el “prefecto-perfecto” sorprende a todos. Sin embargo nadie me criticó, cosa que agradecí hasta límites insospechados. La noche en la que nos contaron que durante ese curso se celebraría un concurso para descubrir quien era el mejor mago adolescente todos estábamos realmente contentos, sin embargo la noticia acabó cayendo como un gran mazazo, pues solo los alumnos que hubiesen cumplido diecisiete años podrían participar.

Esa misma noche hicieron su aparición unos invitados que nos acompañarían durante todo el curso: los búlgaros de Durmstrang y las francesas de Beauxbatons. Lo cierto es que los bulgaritos eran realmente atractivos, sobre todo si tenemos en cuenta que Víctor Krum estaba entre ellos. Las francesas, por su parte, eran unas princesitas que volvieron locos a todos los chicos del colegio tras hacer su aparición. Llamadme celosa si queréis, pero tuve que ver la cara que ponía Cedric al verlas entrar, sin embargo no las estaba mirando, más bien se había quedado hipnotizado mirando la copa que se llevaría el ganador del torneo. Sus amigos y él discutían sobre algo, pero él negaba con la cabeza una y otra vez. Esperaba que no participase, pues las palabras del director habían sido claras: todo aquello ofrecería una gran gloria a su vencedor, sin embargo, obviamente, era muy peligroso, y no quería que Ced volviese a poner su vida en peligro.

Mientras mi familia y mis amigos regresaban a la Sala Común, yo decidí dar una vuelta por los jardines, era algo que me encantaba, ver como la noche me envolvía mientras paseaba por el verdor húmedo. Cerré los ojos y dejé que todo el aroma del lugar penetrase en mi cuerpo, que deseaba con todas sus fuerzas absorber un poco de ese frescor verde y brillante. En esas estaba cuando alguien me tapó los ojos, me sobresalté un poco, pero la verdad es que únicamente podía ser una persona, por varias razones. Sin embargo me hice la encontradiza.
- ¿Quién podrá ser?- pregunté, como si realmente no conociese al dueño de esas manos.
- ¿Por qué no intentas adivinarlo?- susurró él.
- ¿Me das una pista?- era tan propio de nosotros ese juego que ya sabía lo que iba a pasar a continuación, él despegaría sus manos de mis ojos y me abrazaría. Sin embargo en esta ocasión las cosas no fueron tal y como yo esperaba, mantuvo las manos un poco más ahí, haciendo que me extrañase un poco.
- Puedo darte otra cosa…- y estalló en risas, por fin dejó mis ojos libres y me di la vuelta.
Sus brazos encontraron el asidero perfecto alrededor de mi cintura y mis manos cayeron sobre esos brazos que merodeaban. No las tenía todas conmigo, pero aún así tuve que preguntarlo.
- Ced… tú…- ni hizo falta que yo dijera nada más, pues él supo a que me refería y contestó.
- No voy a presentarme al torneo- murmuró, mucho más cerca de mi oído de lo debido, y una sonrisa idiota se dibujó en mi cara. Por eso no pude ver como los dientes de mi novio mordían fuertemente sus labios.

Esos días pasaron rápidamente, las clases con el profesor Moody eran lo mejor, y lo cierto es que aprendimos bastante. Snape seguía con sus intentos de destrozar a Gryffindor, y el profesor Dumbledore preparaba entusiasmado el torneo. Las cosas con Cedric iban como siempre, hasta el día en que volví a ver a Oliver Wood. Estaba en la biblioteca para variar y oí un leve revuelo, supuse que serían las fans de Víctor Krum persiguiéndole, pero no, era otra cosa. Aunque no lo supe del todo hasta que el creador de toda aquella situación se personó frente a mí.
- Oliver, ¿Qué haces aquí?- pregunté, mientras mi cara se iluminaba levemente. Él me plantó un sonoro beso en la mejilla y me sonrió, los cuchicheos no tardaron en escucharse, pero los ignoré por completo.
- Te dije que vendría. Dumbledore me ha invitado a ver el torneo de los tres magos.
- Será una pasada, me preguntó quién saldrá de nuestro colegio.
- Tal vez tu novio- moví la cabeza de izquierda a derecha, no era la primera persona que lo insinuaba, de modo que estaba acostumbrada.
- No se ha presentado- el joven que tenía frente a mí cruzó los brazos sobre el pecho, escondiendo la camisa roja que llevaba puesta bajo la túnica abierta.
- ¿Estás segura?, ¿o simplemente te ha dicho que no lo haría y tú lo has creído?- eso me estaba molestando.
- A ver, nene, ¿qué tienes tú en contra de Cedric? Que yo sepa el año pasado os llevabais bien, ¿a qué se debe este cambio de actitud?
- No quiero que te haga daño, y te lo va a hacer, solo te prevengo, el día en el que digan quien es el campeón del colegio y él salga elegido ya veremos quien tiene razón.
- Oliver… me quiere, nunca me fallaría de ese modo, y mejor que hablemos de otra cosa, ni siquiera te he dado un abrazo, ven- y rodeé su cuello con mis brazos para apretar mi cara contra la suya. Que poco sabía yo que un novio celoso nos estaba mirando…

Por fin llegó el ansiado día…
Un, dos y tres, todos estábamos sentados esperando la decisión del cáliz seleccionador, tres jóvenes magos serán los elegidos para participar, ¿quién habría metido su nombre en el cáliz?, ¿quién sería elegido en nuestro colegio para semejante honor?, se oían rumores sobre Cedric, pero yo no quería creerlos, de hecho ni siquiera quería oírlos, si el hubiese echado su nombre en la copa me lo hubiera dicho, de eso estaba segura, no habría tenido la desfachatez de mentirme, pero ¿y sino era así?, estaba dialogando con mi hermana Serenity y mi amiga Hermione, y en ese momento empezaba el discurso del director Dumbledore:

- Sentaos, por favor, llega el momento que todos estabais esperando, la selección de campeones- para darle más dramatismo el director bajó todas las luces de la sala y se acercó al cáliz, en ese momento el fuego que salía de la copa que era azul se volvió rojo, y el utensilio mágico arrojó hacía el exterior el primer papel con nombre- el campeón de Durmstrang es Víctor Krum- el joven búlgaro fue aplaudido por sus amigos y por el resto de la sala- el siguiente nombre salió enseguida- el campeón de Beauxbatons es Fleur Delacour - en esta ocasión se escucharon vítores masculinos sobre cualquier cosa, el momento que tanto temía y esperaba por fin se produjo- el campeón de Hogwarts, Cedric Diggory.

Imposible, no me lo podía creer, ¿cómo había sido capaz de ocultarme aquello?, ¿por qué lo había hecho?, Hermione me miró, note que se sentía culpable, mi hermana estaba casi tan sorprendida como yo. Cedric se levantó con una sonrisa en los labios… apreté el puño sobre la rodilla, estaba tan enfadada… tanto, y tan desilusionada… Oliver tenía razón... El muy imbécil, encima de ocultarle a la chica con la que salía algo tan importante se sentía feliz por ello, sus enamoradas le vitoreaban, como siempre, incluso se dio el lujo de besar a una en la mejilla, pero lo que más me dolió es que no fuera capaz ni de mirarme.

Agaché la cabeza”, ¿cómo has podido hacerme este? Alégrate y sonríe, porque en cuando acabe esto vas a llorar” le prometí en silencio mientras intentaba que no se notara, sino recuerdo mal Harry, Ron y Hermione habían estado presentes cuando varias personas introdujeron sus nombres en la copa, por lo visto vieron a Cedric hacerlo también, ¿por qué nadie me dijo nada?, ¿por qué prefirieron que me enterase así? Los siguientes acontecimientos se desarrollaron rápidamente: salió un cuarto nombre del cáliz, el de Harry, nadie podía imaginarse algo así, él estaba estupefacto, ¿cómo había sido aquello posible?, aún así se levantó y entró en la zona donde estaban los demás campeones.

Cerré los ojos, primero la estupidez de Cedric y ahora esto… ¿qué demonios estaba pasando en el colegio? Hermione intentó decirme algo
- Raven, lo siento yo… no pensé que saliera él, además, supuse que lo sabrías, vosotros estáis muy compenetrados y…
- Déjalo, ¿quieres?, y tú también- mis ojos se deslizaron hasta los de Ron Weasley, el dilema eterno de mi hermana y me levanté sin decir palabra, estaba harta, no tenía bastante con los problemas que acarrea ser la novia del capitán del equipo de Quidditch de Hufflepuff y del prefecto de la misma casa, o lo que es lo mismo el chico más popular del colegio, ahora tenía que cargar también con que fuera campeón. Escuché a mi hermana sermonearles, todo lo que yo estaba pensando estaba saliendo por su boca.
Fui directamente hacía el hall y me senté en uno de los bancos, en uno que estaba de lo más escondido, cuando quería que nadie me encontraba me metía allí, porque el banco estaba tapado parcialmente por una columna, y era de gran ayuda. Más de una vez Cedric me había encontrado allí, esperaba que esta vez fuera una de esas veces.

Vi pasar a mis amigos salir del gran comedor, Hermione y mi hermana me buscaban, pero me coloqué justo detrás de la columna y no me vieron, por fin la marea humana pareció cesar, y de pronto apareció él, salía del gran comedor con todos sus amigos, como no, el prefecto perfecto, siempre con su séquito, siempre con esas chicas detrás suya. Cerré los ojos y me apoyé contra el respaldo del banco, entonces él me vio, noté como su tez se volvía pálida, más de lo normal, sus amigos se fueron escaleras arriba y él se acercó hasta mí, se sentó a mi lado sin decir palabra.

Miré hacía abajo, tenía tantas cosas que decirle, pero no podía decir nada, nada de nada.
- Raven, cariño…- levanté la mano, para que no siguiera hablando, estaba harta de las ridículas excusas de Cedric Diggory, no soportaba que me mintieran y esto, esto había rozado unos límites insospechados.
- No quiero oírte, no voy a escucharte nunca más, ¿por qué me has hecho esto?, ¿soy tan poco importante para ti?, ¿ya no me quieres? Cedric… estoy defraudada, no esperaba que fueras así- la primera lágrima cayó por mi mejilla
- Lo siento, no quería que estuvieras mal, los chicos de la casa me convencieron, pensaron que yo sería el que mejor la haría, querían… joder, ¿no entiendes qué no sabía como decírtelo?, no quería asustarte, este no es un torneo común, podría pasarme algo.
- Claro, y como eres tan arrojado te lanzas de cabeza al peligro, pero no le dices a tu chica que vas a participar, me prometiste que no lo harías.
- Tal vez no haya sido sincero del todo contigo, pero iba decírtelo, solo que no he encontrado el momento.
- ¿Qué momento? ¿Cuándo no estabas con tus amigos o tal vez cuando tus fans no te perseguían?
- Te he visto con Oliver Wood en la biblioteca.
- ¿Antes o después de qué tus amigos te convencieran para hacerme esto?- se quedó callado, dando por buenas mis hipótesis -tal vez es que quieras que acabemos y no sabes como decírmelo, se valiente conmigo una vez en tu vida, Diggory- las lágrimas se convirtieron en gotas de furia, de odio.

Fui a levantarme pero me detuvo con la mano en el hombro, sus ojos ya no eran los del chico que me enamoró, ahora escupían algo que no supe descifrar, ¿resentimiento, incredulidad, tal vez desorientación?
- ¿Insinúas que mis sentimientos no son verdaderos?, ¿quieres decir que no te amo?- quise soltarme, pero me tenía bien agarrada.
- Yo no he dicho eso, he dicho que creo que quieres que acabemos.
- Déjate de tonterías, lo dices por lo enfadada que estás
- Lo estoy diciendo de verdad, es más, te lo propongo yo, quiero que esto se acabe, no puedo con tu fama, y mucho menos con tus mentiras- su mano, que ahora sujetaba mi brazo, resbaló y se quedó laxa sobre su rodilla.
- Rave… no quiero hacer eso.
- Esta decisión es mía, sólo mía, y no intentes persuadirme de lo contrario.
- No lo es, no quiero dejarlo, no te lo voy a permitir, ¿entiendes?- volvió a agarrarme, esta vez mucho más fuerte, intenté separarlo de mí, no, no puedo, es más fuerte que yo, ¿cómo voy a poder?
- No me lo pongas más difícil, por favor- ¿y ahora que haces?, me agarró por los brazos, muy fuerte y me atrajo hacía sí, al final y tras mucho esfuerzo conseguí quitármelo de encima.
- Soy un necio… perdóname…- me estrechó de nuevo entre sus brazos, si creía que ese estúpido truco del novio arrepentido iba a funcionar habiéndolo usada ya una vez estaba muy equivocado
- Maldita sea…- me dejé abrazar un poquito, me encantaba su olor, olía a after shave- te amo, Cedric, por eso me va a doler mucho hacer esto, pero no podemos seguir así, así no, ¿no ves que no soy más que un obstáculo?, sino lo fuera no me tratarías así.
- No digas eso, tú no sobras, no eres un obstáculo, no voy a perderte por un estúpido torneo.
- Déjame, por favor
- ¿Crees qué voy a hacerlo? Si lo hago te perderé para siempre y no voy a permitirlo.
Esta vez me lo esperé un poco más, pero no pude evitarlo, caí en sus redes como lo que era, una adolescente enamorada, me besó apasionadamente, como si el mundo se hubiese detenido.

Eso era precisamente lo que no necesitábamos para poder dejarlo, un beso lleno de deseo, yo no quería… pero en el fondo lo necesitaba, ahora estábamos más a la vista, yo había intentado irme y había llegado hasta la zona del banco que estaba él, que no estaba tan oculta, aunque no escuchamos un maullido que nos alertaba del peligro, por eso Cedric no se dio cuenta de que acababa de pisar a un gato que le gruñía, demasiado tarde.

- ¿Se puede saber qué estáis haciendo vosotros dos?- la voz del conserje del colegio era inconfundible, en todo el tiempo de nuestra relación jamás nos habían pescado de ese modo, y ahora precisamente en el peor momento era cuando ocurría eso.
- Señor Filch, todo esto tiene una explicación, aunque parezca imposible- mi uniforme no estaba exactamente donde debiese y la barra de labios estaba más en la boca de Cedric que en la mía.
- Cállese ya, jovencita, en este preciso instante les llevó a ver a la profesora McGonogall, seguro que esto no le hace ninguna gracia, muy bien hecho, señora Norris
- No hemos hecho nada malo…
- Anda, señor Diggory, pensé que después de haber salido elegido por el cáliz tendría usted un poco más de sentido común, aunque creo que esta es la primera vez que le castigan, ¿o no?
- Cedric- me pase una mano por los labios, él lo pilló enseguida, y se quitó lo que le quedaba de carmín de la boca

Yo ya me sabía de memoria el camino al despacho de la jefa de nuestra casa, después de todas las que habíamos liado en nuestros años en el colegio esto no era nada, el campeón de Hogwarts parecía más decaído que yo. Por fin entramos, la profesora estaba revisando unos pergaminos y se sobresaltó al vernos allí, juntos, Filch se acercó a ella y le dijo algo al oído para luego irse acariciando a la señora Norris y mostrando una sonrisa de satisfacción.
- Señorita Darkangel, señor Diggory, me parece increíble, había oído rumores sobre ustedes dos, pero nunca pensé que se dedicarían a darse besos en el colegio, esto es una falta de respeto hacía sus profesores y compañeros, ¿lo saben?
- Si señora- dije rápidamente- y lo sentimos mucho, pero prometemos que no volverá a repetirse, NUNCA.
- ¿Nunca?- noté los preciosos ojos de Cedric sobre los míos.
- Ya lo hemos hablado.
- Si, estamos avergonzados, profesora, no ocurrirá de nuevo, de verdad.
- Señor Diggory, es usted campeón de Hogwarts, nunca ni en un millón de años hubiera pensado que usted hiciese algo así, y usted, señorita, de usted no me lo esperaba, tal vez de alguna de sus hermanas, pero de usted…
- Lo lamentamos, pero fue un impulso, solo eso, de verdad, y creo que aunque Ced… Diggory sea un campeón podría no tenerlo en cuenta, por esa misma razón que me da, es un campeón, está preocupado por el torneo y bueno… eso se nota, no se preocupe señora McGonogall le juro que no volverá a repetirse, lo sentimos mucho
- Si… mucho- sus ojos brillaban, me rompía el alma verlo así, pero la decisión ya estaba tomada- y no se preocupe es imposible que se repita en nuestra situación actual, y si me disculpa, tengo algo que celebrar- y se fue, se fue dando un portazo demasiado violento.

Se había ido, ¿para siempre? No lo pude evitar, una lágrima recorrió mi mejilla, la profesora McGonogall me miró con cautela
- Por esta vez y dado que no están ustedes pasando un buen momento creo que no les impondré ningún castigo, pero para la próxima vez tenga más cuidado, y avise a su hermana de esta medida.
- Si señora, y… de verdad que lo lamento, nosotros no somos así, ninguno de los dos.
- Lo se, señorita Darkangel, y por eso es que me ha dolido más su actitud, pero no se preocupe, ¿de acuerdo?- la profesora se levantó y puso una mano sobre mi hombro- todo se arreglará.
- Gracias.
- Dígale a Diggory que no informaré a la jefa de su casa, la señora Sprout.
- Si, señora- como si fuese a volver a verlo…

Recorrí los pasillos como si fuera una autómata, me sentía tan perdida… tanto, pero creo que era lo que había que hacer, sin darme cuenta me había adentrado un poco en la Sala Común de Hufflepuff, donde se oían unos ruidos atronadores, distinguí una voz femenina: “Cedric, sabía que te cogerían a ti, eres el mejor y el chico más guapo del colegio”, salí corriendo como alma que lleva el diablo y no paré hasta que entré en nuestra propia Sala Común, en ella, Harry, Sery, Ron, Aredhel y Hermione trataban los temas de la jornada, yo debía de estar muy pálida, porque todas las miradas se posaron en mí sin habérmelo propuesto.
- Raven, cariño, ¿pasa algo?- dijo mi hermana, se levantó y vino a mi lado
- No, solo que la profesora McGonogall casi me castiga.
- ¿A ti?- dijeron Harry, Ron y Hermione a la vez- eso es imposible- Hermione me miraba sorprendidísima.
- Si, por un comportamiento irrespetuoso, o al menos así lo ha llamado ella, ah y me dijo que tú ya estabas avisada, que no hicieras ninguna tontería, ah, y díselo también a Ninde.
- Ah…- las miradas que compartían Ron y Sery eran esquivas- pero bueno, ¿qué ha pasado al final?
- Pues que no nos castigó, decidió no hacerlo, supongo que quizás fuera por el torneo.
- Diggory el hermoso siempre…- Ron recibió una mirada asesina de Sery y un codazo en las costillas de Hermione, el pobre había sido atacado por todos los flancos- ¿sigues enfada con nostros?- preguntó de pronto.
- No, ni con él tampoco, es libre de hacer lo que quiera- y sonreí, con una falsa felicidad que realmente no sentía.
Aredhel me miraba de un modo diferente, dichosa empatía…

Me senté junto con mis amigos y mi hermana y me puse a mirar el fuego, vi como las llamas se lamían entre sí con la mirada perdida, como en otro mundo, mi mente flotaba en la discusión que acababa de tener con mi ahora “ex”.
- ¿… algo más?
- ¿Qué?
- Te he dicho que sino te pasa algo más, lo noto, y lo sabes- dijo Serenity
- Ah, bueno, he discutido con Cedric, pero no es nada, aún tengo el miedo en el cuerpo, es por esas pruebas, y supongo que estaba enfada porque no me lo dijo.
- Menos mal que Ron no pudo presentarse- noté como Ron sonreía sin necesidad de verle, al chico le encantaba que mi hermana se preocupase por él, la verdad es que en aquel momento yo solo estaba preocupada por una cosa- aunque no creo que le hubieran elegido, jijjiji.
- ¡Eh!
- No sabes la suerte que tienes- dije con voz atormentada- bueno, yo me voy a dormir.
- Iré contigo- dijo mi melli y nos despedimos de todos, yo estaba bastante pálida, estaba convencida que mi hermana descubriría mi engaño tarde o temprano, pero ahora no me apetecía, no deseaba que fuera precisamente en ese momento

Subimos al cuarto y nos cambiamos, miré en la mesilla de noche, la foto de Cedric, sonreía a la cámara y me saludaba desde el marco, luego estallaba en un ataque de risa, cerré los ojos y le di la vuelta a la foto, mi hermana me observaba como si supiese algo, pero se dedicó a decirme una única frase.
- Raven, Cedric te quiere muchísimo, un error lo tiene cualquiera.
- Si, lo se, por eso ya no estamos enfadados, no te preocupes, ¿vale?.
- Mientras tú estés contenta yo lo estaré
- Claro- le di un abrazo a mi nee-san y me asomé a la ventana, era una costumbre que tenía casi cada día desde que llegué a Hogwarts. Me puse de espaldas a la pared, de pie, al estar así la ventana me golpeó, pues Ninde acababa de entrar por la ventana. Desde que trabajaba junto a la señora Pomfrey debía dormir en la enfermería, sin embargo se escapaba cuando tenía ocasión para estar con nosotros.
- ¡¡¡Raven!!!- y me abrazó, con todas sus fuerzas. Luego repitió el proceso con Serenity- tu novio es famoso…- dijo.
- Si, estoy muy orgullosa…- mentí deliberadamente. Ninde se metió en la cama con mi otra hermana, yo seguía en la ventana.
- Nee-san, vete a dormir- me riñeron las dos al unísono.
- Si, si, buenas noches- me metí en la cama, pero el sueño no acudía, sino más bien el dolor, frío y cortante






sábado, 28 de julio de 2007

Capítulo 8: El mundial, ¿Celos?

Allí estaba mi "suegro" la verdad es que esa sería la primera vez que viese a Amos Diggory, un hombre de lo más jovial y orgulloso de su hijo. Le observé desde la lejanía, con el corazón atragantándome la garganta, ¿dónde demonios se había metido Ced? ¿Me iba a hacer pasar por aquello sola? Apreté los dientes... no tendría que ser tan malo. Observé al padre de Cedric, la verdad es que no entendía de donde había sacado mi chico sus cualidades, supuse que de su madre.
[Que maldad, por Dios xD. ah, por cierto, los corchetes los usaré para
hablar fuera de la historia, jur jur ^^].

- Arthur, hijo, ya era hora- dijo el padre de mi novio, y de pronto, y sin que nadie se lo esperasa Ced saltó desde el árbol que estaba sobre nuestras cabezas. Todos le saludaron, Ron, como siempre, sin excesivo interés, la verdad es que le entendía un poco, su madre, la señora Weasley siempre le decía lo maravilloso que era Cedric, de modo que el pelirrojo le tenía cierta antipatía. Yo no comulgaba con esa idea, porque Ced era un encanto, pero bueno... sobre gustos colores. En estos pensamientos estaba (mezclados con la incertidumbre que siempre me acompañaba debido a mis sospechas veraniegas) cuando mi chico me tendió la mano, le dediqué una sonrisa y la tomé. No me había dado cuenta, pero en el prado solo habíamos quedado nosotros dos y su padre, menudo momento más... tenso. Sin embargo Ced tiró
de mí y me colocó delante suyo, con sus manos sobre mis hombros.

- Papá, quiero presentarte a Raven Darkangel, la chica de la que te hablé- ¿cómo? ¿qué has hecho qué? ¿le has hablado a tus padres de mí?, estás loco, Cedric Diggory, estás loco.
- Oh, así que tú eres la famosa Raven, es un placer conocerte, Cedric nos ha hablado mucho de tí- y me tendió la mano, que acepté, llena de vergüenza.
- Encantada de conocerle, señor Diggory- lo único bueno que mis hermanas y yo habíamos obtenido de mi padre habían sido sus estudios en modales, se había gastado una millonada en ello.
- Llámame Amos, pequeña...
- ¡¡¡Amos!!! vamos a llegar tarde- y empezamos a correr hacía la bota-traslador que allí había. Todos lo tocamos, y vi que la mano que le quedaba a Cedric libre tomaba la mía, ¿a qué vendría eso cuándo todo el mundo iba suelto?. Enseguida lo comprendí, menuda velocidad tomaba aquello, tuve que cerrar los ojos. Al final acabé en el suelo, pues mi mano había escapado de la del buscador de hufflepuff.
Me dolía terriblemente el trasero, menuda caída… Me sobé mis pobres posaderas con las manos, mientras trabajosamente me levantaba. Para controlar un traslador al parecer debíamos tener experiencia, porque el señor Arthur, mi suegro y Cedric cayeron perfectamente. Yo ya estaba en pie, de modo que el buenazo de Ced fue a ayudar a Harry, que seguía luchando con su pesada mochila. Ambos se sonrieron, qué poco sabíamos todos…

Por fin nos dirigimos hacía nuestro destino: Los mundiales de Quidditch. Abrí los ojos desmesuradamente, eso molaba muchísimo. Todos nos pusimos muy nerviosos y contentos, era lo que habíamos estado esperando durante mucho tiempo, y si le sumábamos la sorpresa de no conocer el final de nuestra ruta la emoción se multiplicaba. Serenity y Ninde sonreían a mi lado y nos cogimos del brazo, todo aquello prometía. Hermione, Ary, Ron y Harry venían detrás, seguidos por los padres de Ron y Cedric y éste. Fred y George andaban con Ginny a escasa distancia de todos nosotros.

Me encantó el ambiente, ciertamente, todos los entusiastas del deporte rey mágico se habían reunido para ver a sus selecciones. Aquello simplemente era impresionante, no se podía describir de otra manera. En ese momento nos dividimos, Cedric se fue con su padre y yo me quedé con los Weasley, mi chico se despidió de mí con la mano y prometimos volver a vernos en el partido. Asentí y le lancé un beso en la lejanía. Por fin entramos en la caseta. Estaba bastante nerviosa, y no sabía exactamente porqué, bien era cierto que deseaba esas vacaciones desde hacían muchos años, sin embargo… sentía algo más, una corazonada oscura. Intenté no hacerle caso y continúe ordenando mis cosas.
- Raven, ¿pasa algo?- preguntó Ginny, que había ocupado la cama de al lado mientras yo me ponía calzado cómodo.
- No, solo que… estoy nerviosisima.

Y no era para menos, el estadio era inmenso, y estaba a reventar, lleno de forofos que vestían los colores de sus equipos favoritos. Comenzamos a subir las escaleras y… maldita sea nuestra mala suerte, tuvimos que encontrarnos al mejor amigo de nuestro padre Lucius Malfoy con su hijo, y nuestro amigo de la infancia, Draco. Estaba segura que saltarían chispas.
- Vaya, Potter, desde ahí arriba tendrás que usar prismáticos, nosotros tenemos asientos del ministerio.
- No alardees, Draco- los ojos fríos de Malfoy padre transmitían mucha más arrogancia que los de su heredero, sin embargo, intentamos ignorarlos lo mejor que pudimos, aunque a ninguna de nosotras tres se nos escapó el comentario final de esos hurones.
- Y pensar que queríamos que Serenity y tú salieseis juntos- decía el padre.
- Si…- los ojos de Draco miraban hacía otro lado, y Sery tragó grandes cantidades de saliva para no pensar. Ninde y yo le dijimos que aquello era lo mejor: olvidarse del asunto hurón, al menos de momento.

Por fin llegamos hasta arriba del todo y las vistas eran de lo mejor, sobre todo teniendo en cuenta que Cedric y su padre ya estaban allí, pasé por delante de ambos y me coloqué a la derecha de Ced, que tomó mi mano bajo la barandilla que evitaba que nos cayésemos al vacío. Le sonreí, con todas mis fuerzas, posiblemente antes hubieran habido otras chicas, pero ahora… solo estábamos él y yo, debía quitarme ideas estúpidas de la cabeza.

De ese modo empezó el partido, y entonces, y llena de júbilo por los marcadores golpeé a la persona que estaba a mi derecha. Me volví enseguida para disculparme y ¡menuda sorpresa! Era Oliver Wood, el ex novio de mi hermana mayor.
-¡Oli!- grité y le di un abrazo, a fin de cuentas había sido pareja de mi hermana durante mucho tiempo y le tenía mucho cariño. Él me devolvió el abrazo y me separó de él para observarme.
- Raven… Dios Mío, como has crecido- me cogió de la mano e hizo que me girase, para mirarme en conjunto.
- Hemos venido a los mundiales, ahí está Ninde- ésta saludó a Wood desde la lejanía y él le devolvió el saludo, se habían visto hacía poco, de modo que simplemente intercambiaron este saludo y varios gestos extraños xD.
- Anda, no esperaba verte aquí, estás muy guapa- ¿cómo? ¿Había dicho guapa? ¿Me estaba llamando mona? Me sonrojé, sin saber muy bien porqué y le di un golpe en el hombro.
- Que tonto eres- fue lo único que pude decir.

Si se hubiese visto todo aquello desde fuera hubiese parecido un coqueteo en toda regla, sin embargo para mí simplemente era una conversación entre viejos conocidos. Aunque, a decir verdad, Oliver estaba halagándome hasta extremos desconocidos para mí. No dije nada y me dejé hacer.
- ¿Sabes? Este año voy a ir a Hogwarts, el director me ha invitado.
- ¿Si? ¿Y por qué?- el muy malandrín cambió de tema con una velocidad que me descolocó, ¿qué se propondría?
- Cosas que pasan- se limitó a decir- pero creo que prefiero hablar de otra cosa, estás… estás….- estaba convencida que iba a soltar alguna de sus burradas cuando noté un brazo alrededor de mi cintura, era Cedric, y sus ojos eran de todos menos cariñosos.
- Hola Wood- extendió la mano que le quedaba libre y se la ofreció al otro joven.
- Diggory, menuda sorpresa, ¿qué tal estás?- contestó Oli, estrechando la mano de Cedric.
- Bien, ¿y tú?- el jade ahora parecía carbón, y no precisamente por el color, sino por la intensidad de la mirada que Cedric le regalaba a Oli.
- Muy bien, disfrutando del partido- el ex de mi hermana Ninde miraba la mano de Ced con cierto desdén. Me imagino que esa escenita de celos no era precisamente algo divertido de ver, y menos de vivir.
- Bueno…- intenté cortar el ambiente, pero estaba tan cargado que apenas se veía a través de él.
- ¿Así qué tu eres el novio de Raven, no?- preguntó el antiguo capitán de Gryffindor.
- Si, llevamos juntos desde el final del curso pasado- la presión de su brazo sobre mi cintura aumentó, y tuve que toser, me estaba haciendo daño.
- Cedric, me estás lastimando- intenté que se diera cuenta que me estaba estrujando entera, pero no sirvió de mucho.
- Pues cuídala mucho, una chica como ella no se merece que la hagan sufrir, porque como me enteré que la haces llorar…
- Ced…- lo intenté de nuevo, pero el muy zopenco en lugar de suavizar la presión la multiplicaba.
- Nunca haría eso…- malditos gallos de corral, ¿no veis qué me estoy ahogando? ¬¬ Entonces llegó Serenity, tan oportuna como siempre y me señaló. Cuando Cedric se dio cuenta que me estaba poniendo morada por fin me soltó. Me llevé la mano al estómago y comencé a toser.

Sery me dio un poco de aire y me retiró el flequillo de la cara. Oliver intentó aguantarse la risa, sin embargo le costaba bastante y acabó sonriéndome abiertamente. Desde mi posición y cuando Cedric miró un momento a su padre, le devolví la sonrisa a Oli y éste se concentró en el partido. Cuando mi novio se acercó, retiré la mano, evitando que me tocase… ¿qué había sido esa estupidez? Él no era así, evidentemente, sin embargo ver como Oliver me piropeaba no le había gustado nada. Yo le entendía, pero no podía dejar de pensar que había sido una endemoniada tontería.
- ¿Estás bien?- preguntó el chico cuando por fin dejé que se acercarse.
- Si, tranquilo- pero no estaba para nada relajado, sus ojos miraban de vez en cuando a Wood para luego posarse en mí, ¿qué estaría pasándose por esa cabecita?, mejor no saberlo.

Yo también centré mi atención en los jugadores que surcaban el cielo en sus escobas voladoras. A veces miraba a Ced, que tenía los puños crispados sobre la baranda, ¿realmente había sido para ponerse así? Yo no tenía ni idea, sin embargo, no podía evitar tomármelo a risa: él, precisamente él: prefecto, buscador de su casa, popular… ¿estaba celoso? Sonreí nuevamente y esta vez mi mano envolvió la suya, delicadamente.
- ¿Sabes una cosa?- él observó nuestras manos entrelazadas, echó un ojo a su padre y luego todo su interés se centró en mí.
- No- contestó.
- He de confesarte algo- su rostro se puso lívido durante un segundo, sin embargo cuando oyó lo que yo tenía que decirle el color volvió a sus mejillas, acompañado de una de sus resplandecientes sonrisas- este verano, estuve preocupada, me preguntaba con cuantas chicas habrías salido antes de estar conmigo, se que eres popular, que todas las estudiantes se mueren por tus huesos, y bueno, supongo que es inevitable pensar.
- Eso es parte del pasado, yo únicamente te quiero a ti.
- Yo también- y apreté su mano un poco más.
- Raven, eso ya lo se, créeme, sin embargo…- movió la cabeza en dirección a Oliver, que observaba el partido tranquilamente junto a algunos compañeros.
- Es el ex novio de mi hermano mayor, ¿de verdad piensas qué pudo llegar a ser tan cínica?- estas palabras volaron de mis labios, sin que yo fuese capaz de evitarlo, ¿realmente para mi novio yo únicamente era una busca fortunas? ¿Creía qué me largaría con el primer chico guapo qué coquetease conmigo?
- Claro que no- era capaz de mentirme con los labios, pero no con los ojos, su mirada no era capaz de engañarme.

Lentamente, sin brusquedad, tal y como yo estaba acostumbrada a hacerlo, retiré mi mano de la suya y un mutismo incómodo se convirtió en el dueño de mí. Ni siquiera las palabras de todos los que estaban a mi alrededor me arrancaron del mundo del silencio del que ahora era presa. Por fin nos fuimos, Ninde me cogió del brazo y regresamos a la caseta de los Weasley. Allí mi estado no cambió, ni por las bromas que hicieron los chicos sobre Ron. Mis ojos no se movían del suelo ¿Me había enamorado de un chico corriente? Para mí Cedric era perfecto, sincero, dulce… y ahora me demostraba su falta de confianza en mí… ¿había hecho yo algo malo?

Miré a Ninde, que sonreía junto a los gemelos, yo sabía… algo había pasado entre ella y Sirius, que lo dijera, ya era su decisión, pero yo ya era consciente de que mi hermana había cambiado, al menos un poco. Después de aquello mis ojos se centraron en mi hermana pequeña que defendía a Ron, aunque a veces se quedaba callada, se en que piensas, ninguna de las dos podéis engañarme, y por eso se que yo tampoco puedo mentiros. Ary y Harry estaban a parte, conversaban sobre algo que yo no llegaba a oír, sin embargo, también sabía de que se trataba.

Suspiré pesadamente y entonces entró el padre de Ron, con los nervios a flor de piel. Debíamos irnos, rápido, ¿mortífagos? Apreté los puños y únicamente dos personas ocuparon mi mente: mi padre, ese maldito asesino, y Cedric, ¿dónde estaría? No tuve tiempo de preguntar nada más, salimos del lugar y nos encontramos metidos en una turba.
-¡¡¡Harry!!- gritó Aredhel al ver que nos separaban. El resto fue extraño, raro, cuando por fin nos encontramos casi nos destrozan con un hechizo. Nuestro amigo sostenía que había visto a alguien, pero, ¿a quién? Me mordí los labios, en busca de respuestas, sin embargo, no podía evitar estar preocupada, maldito seas Cedric Diggory, ¿dónde te has metido? Arthur intentó sacarnos de allí, pero me debatí por unos instantes.
- Vamos, Raven- ocultarlo ya era absurdo, de modo que mejor antes que después.
- ¿Dónde está Cedric?- el toque de angustia de mi voz, obviamente, no se lo pasó por alto al señor Weasley y apretó mi brazo.
- Estará bien, es muy buen mago- si eso debía tranquilizarme no lo hizo en absoluto, de hecho mis nervios se acentuaron, y solo volvieron a su sitio cuando nos encontramos con mi novio y su padre escasos minutos después.

¿Qué es una bala para un mago? Seguramente ellos me hubiesen comparado con otra cosa, sin embargo, yo me sentí así cuando corrí todo lo que dieron mis piernas de sí y literalmente me lancé sobre Ced, llorando como una histérica. Él me recibió con los brazos abiertos y me apretó contra su pecho. Oí al padre de Cedric reírse y alejarse de nosotros para reunirse con su amigo Arthur.
- ¿Estás bien?- me preguntó, quitando el cabello de mi cara.
- Estaba muerta de miedo- golpeé su pecho con mi mano derecha convertida en un puño y seguí llorando- pensé… que te había pasado algo, y si te hieren…- cerré los ojos y dos lágrimas que acumulaba en la comisura de mis ojos cayeron por mis mejillas.
- Tranquila- me rodeó con más fuerzas, para hacerme ver que se encontraba perfectamente. Luego acarició mi cabello y observó mis ojos, llenos de lágrimas y enrojecidos por el llanto. Por un segundo volvió la cabeza, y tras ver donde se encontraba su padre acercó sus labios a los míos y me regaló un inocente y rápido beso, Luego nos separamos y volvió a tomar mi mano, para hacerme ver que él estaba ahí, sin embargo, después de todo lo que había pasado, ¿por qué continuaba sintiendo qué lo peor estaba por llegar? Moví la cabeza de izquierda a derecha e hice que los malos pensamientos saliesen de ella, al menos de momento.