Acababa de cruzar los brazos sobre el pecho con decisión, si Cedric se desahogaba seguramente conocería más prontamente los motivos de sus acciones, aunque casi con total seguridad ya no las creyese. Mi elaborada y calculada pose duró bastante poco, pues tiró de mi mano y me hizo sentarme en una silla, para poner otra enfrente y hablar de un modo más confidencial, aunque no hubiese nadie más en aquel comedor. Se quitó la capa y la pajarita, después se remangó la camisa y suspiró. De esta guisa se sentó. Yo aproveché para quitarme los zapatos, pues tenía los pies destrozados. Bonitos pero asesinos <>.
Nos miramos, como calculando el siguiente paso a dar, sabía que era imposible, pero… ¿se acababa de detener el tiempo? No, sólo había sido mi imaginación, seguro. Sin ningún tipo de florituras subí las piernas a la silla y me acaricié los doloridos pies. Mi ex novio seguía observándome, como en trance, pero no se decidía a hablar.
- Vamos, no tiene que ser tan difícil- pronuncié, y no sabía porque, pero le estaba dando ánimos, no estaba segura cual era el fin, pero lo había hecho, ya no había vuelta atrás. Se sirvió un ponche y me sirvió otro a mí. El suyo se lo tragó en dos sorbos. Después comenzó su historia.
Todo empezó precisamente la noche en la que el profesor Dumbledore anunció el torneo. Te prometí que no lo haría, y pensaba cumplir aquellas palabras hasta el final. Entonces mis compañeros de clase insistieron, lo hacían a diario, y cada vez se volvían más persistentes, iba a desaprovechar una oportunidad de oro, según ellos, e iba a hacerlo por una chica.
- Eres un cobarde, Diggory- me picaban.
- Dejadme en paz, me importa un bledo la fama. No me interesa la gloria eterna- así les contestaba yo a ellos. Sin embargo ese día lo vi claro, tenía que presentarme yo, y únicamente yo, no porque fuera el más experto, tampoco porque fuera el más arrojado, iba a hacerlo pos celos. Faltaba muy poco para que nos anunciaran los campeones, iba a la biblioteca a leer sobre unos asuntos y allí estabas, abrazando a Oliver Wood. A la mierda mis promesas, a la mierda todo, estaba tan enfadado que arranqué un trozo del pergamino que llevaba encima y escribí mi nombre en él. Cuando los chicos de mi casa me vieron meterlo en el cáliz no se lo podían creer, y me vitorearon, por fin había entrado en razón. Tus amigos me observaron, sin embargo dieron por sentado que tú lo sabías.
No volví a verte con Wood, y me odié a mí mismo por haber actuado siguiendo únicamente a mis celos. Recé para que no fuera mi nombre el que el director dijese aquella noche, sin embargo así lo hizo, y me quedé tan impresionado que no fui capaz ni de mirarte a la cara. Cuando hablamos te dije que habían sido mis amigos los que me convencieron para presentarme, pero si ahora te soy del todo sincero te puedo decir que únicamente lo hice porque pensé que él te gustaba más que yo, por celos.
Cuando el conserje nos encontró besándonos en el hall y supe que no iba a estar contigo nunca más me sentí triste, pero también comprendí que no podía estar destrozado siempre. Entonces quisiste hablar, pero mi orgullo se apoderó de mí, y la visión de Oliver contigo me hizo humillarte, estúpidos celos. Luego llegó el baile, este estúpido baile y era necesario que yo también viniese, a fin de cuentas soy campeón, y estaba convencido de que los profesores me obligarían a asistir. No me atrevía a pedírtelo, después de lo ocurrido en los jardines era obvio que no querrías saber nada de mí, de modo que se lo propuse a Cho. Supongo que porque es popular, porque es guapa, pero principalmente porque es mi amiga.
Escuché todo su relato en silencio, como si aquello no fuese conmigo, sin embargo estaba siendo totalmente revelador. ¿Celos? Yo lo había comprobado en el mundial, Cedric podía dejarse llevar por sus emociones, sin embargo, esto era… real. Cedric estaba convencido de que el chico que me gustaba era Oliver. Suspiré, y aunque intenté evitarlo mi mano se posó sobre la suya.
- Oli es muy guapo- mentir sobre eso a aquellas alturas era estúpido- pero… no siento nada, a parte de cariño, por él. Si me conocieses un poco lo sabrías- y retiré la mano, colocándola sobre mi regazo.
- Nunca antes había estado celoso de nadie, jamás- aquello era obvio, siempre había tenido a las chicas que había querido, siempre había sido el primero en todo- pero… pensar en verte con él era superior a mis fuerzas- volvió a apretar los dientes, no era exactamente enfado lo que yo veía en sus ojos, lo habría catalogado más bien de frustración. Me bebí el contenido de mi vaso de un trago y volví a exhalar un poco de aire, ahora era mi turno.
- Asistí al baile con Oliver porque vi como se lo pedías a Chang. Casi se me cae el mundo encima, ¿sabes? Me fui a la biblioteca llorando como una histérica. Oli me encontró allí, me consoló y me lo pidió, y yo no deseaba… darte la satisfacción de verme sufrir.
- No quiero que lo pases mal, Raven, quería que tú vinieses conmigo.
- Y yo quería ser tu pareja- me fallaban las fuerzas, y sobre todo el orgullo, que se partía en mil pedazos delante de mis ojos, cayendo por mis mejillas.
- No llores- Cedric acababa de ponerse en cuclillas frente a mí, y ahora una de sus manos descansaba sobre mi rodilla, y la otra arrancaba lágrimas de mi cara. Yo seguía sollozando como un idiota- por favor…- acarició mi mejilla con mimo y me plantó un beso en la frente, sin darme tiempo a pensar o a retirarme. Me sonrojé, hacía mucho tiempo que no me tocaba de aquella manera. Más aún, sentía cierta incertidumbre por los futuros acontecimientos. “¿Y si los celos volvían a apoderarse de ti?”
¿Volvería a ser todo como había sido antes de ese endemoniado torneo? El orgullo ya estaba tirado por el suelo. Sin embargo… aún había algo que me desconcertaba, algo que no acababa de cuadrar. Quizás fuese esa vocecita racional llamada cordura, quizás mi cerebro estuviese ganando a mi corazón, porque acabé separándome de él. Me puse los zapatos y me levanté.
- ¿A dónde vas?- él se acababa de dar cuenta de lo que me pasaba, de que deseaba pòner tierra entre nosotros dos. Estaba dudando, no era tan fácil, aún con aquella explicación pesando sobre mis hombros, creerle con tanta sencillez.
- Necesito pensar- no es que le estuviese echando nada en cara. Tampoco dudaba de sus explicaciones y de sus muestras de cariño, lo que realmente me atormentaba era la posibilidad de que esos hechos se repitiesen, de volver a sufrir, y no únicamente yo, debido a estúpidos celos y malentendidos. ¿Podríamos soportar de nuevo ver como el otro se paseaba junto a alguien que no éramos ni él ni yo? Yo sabía que no iba a poder enfrentarme a situaciones semejantes. Tiempo, eso era lo que yo necesitaba.
- ¿Sobre qué es necesario qué medites?- seguramente pensaría que con soltarme todo aquello era bastante, pero, no, para mí no lo era, y sabía exactamente porqué. No quería que volviese a repetirse, nunca más.
- Dame un poco de tiempo, por favor, si esto volviese a pasar, no podría soportarlo- sus ojos brillaron un segundo, o quizás durante un lapso más amplio de tiempo, porque no lo vi, ya que había salido corriendo a toda velocidad. Había huido todo que me habían dado mis piernas de sí.
Por fin me detuve, estaba en el puente que unía el claustro con la zona común. Aún era de noche, de modo que por allí no pasaba un alma. Me sentí… relajada, lo único que yo necesitaba era tranquilidad, de modo que ese lugar había sido una buena elección de mi inconsciencia. Mis pasos eran lentos, pues ya no podía más, los tacones me estaban destrozando. Me detuve en esos momentos y me los quité, menudo alivio para mis maltratados pies, eso estaba mucho mejor. Tras poner los zapatos en el suelo y masajearme los puntos doloridos, me asomé por la barandilla, la leve brisa despeinó mis cabellos, pero no me importó, la fiesta ya había terminado. Hubiese deseado que aquel viento recorriese todo mi cuerpo. Busqué en mis ropajes, la varita la había dejado en el dormitorio, y no conocía un hechizo silencioso que me ayudase a conseguir mis propósitos. De modo que hice algo descabellado, algo absurdo, y además peligroso: me subí a la barandilla.
Si yo hubiese sido mínimamente alta mi cabeza hubiese chocado contra la techumbre que recorría el puente, sin embargo, no lo era. En primer momento me agarraba desesperada a una de las barras verticales que unían el techo y la baranda, pero el miedo desapareció enseguida, nadie me había obligado a subirme ahí, así que era mi responsabilidad, y yo, al menos antes, era responsable. Solté la seguridad que me otorgaba aquel trozo de madera y abrí los brazos, en cruz. El relente me recorrió entera, y tras muchos días de soledad y tristeza me sentí viva. Quizás las explicaciones de Cedric hubieran ayudado, en cualquier caso, ahora la brisa era mi único pensamiento. Ni celos, ni posibles nuevos problemas. Cerré los ojos, tenía los pies helados, pero ya no importaba, quise cambiar de posición, y aquello fue mi mayor error, pues uno de mis pies falló y entonces pensé que aquella no había sido tan buena idea.
Un grito desgarrado salió de mi garganta cuando me precipité al vacío. “Así que este es el modo en el que acabo. Hermanas… Ary, amigos…este es el final. Debería haber vuelto con él, todavía te quiero… te amo más que a nada en este universo.”
- Cedric…- esa fue la palabra final que pronuncié. En cualquier caso nunca terminé el recorrido hasta el abismo, pues me paré en seco y comencé a subir lentamente.
- ¡¡¡Raven!!!- alguien me llamaba desde el puente. Debía de ser un mago poderoso, porque había parado la rápida caída y ahora usaba el wingardium leviosa para subirme, y el ascenso no era en absoluto brusco. Solo podía ser una persona…él. Finalmente llegué arriba y me encaramé a la barandilla para tirarme, literalmente, contra el suelo, aunque nunca choqué contra aquel duro conjunto de piedras, pues los brazos del campeón de Hogwarts ya me aprisionaban contra su cuerpo. Miré hacía todos lados, pero no encontré ninguna varita, ¿lo había hecho únicamente con la mente? Aquello era impresionante, incluso para un chico se séptimo sobresaliente. Iba a preguntar, pero no me dejó articular palabra.
- Idiota- masculló, con la voz tan ronca que no parecía la suya- ¿cómo se te ocurre hacerme esto?- me apretó más fuerte, y me di cuenta que estaba temblando, pero no solo eso, también lloraba, pues sus lágrimas mojaban mi hombro.
Mi mano fue a parar a su cabello, castaño, brillante, suave, me encantaba aquel tacto.
- Lo siento mucho- no es que fuera una respuesta muy buena, pero al menos era una, la única que fui capaz de ofrecerle en esos momentos.
- No me asustes nunca más así, eres tonta- parecía un crío al pronunciar esas palabras, pero me encantaba, mi otra mano fue hasta su nuca- si te llega a pasar algo… yo….me moriría- los sollozos que escondía tras esa falsa ronquera cayeron sobre mí como un huracán, que atormentaba mi alma.
- Perdóname, por favor- el verle llorar de ese modo era tan doloroso… nunca lo había visto así.
Él siempre se comía los llantos, siempre ocultaba sus lágrimas, sin embargo ahora no reprimía esos sentimientos, sino que los lanzaba a diestro y siniestro. Acababa de emocionarme… estaba así por miedo a perderme, ¿qué pensaría yo si se hubiesen cambiado las tornas? Exactamente lo mismo, me pondría como una loca, mis manos separaron su carita manchada de pena de mi hombro, y estaba más guapo que nunca… con esos preciosos ojos verde jade brillando por la pena.
- Estás llorando- mis ojos tampoco estaban precisamente secos, sabía que podía ponerme a llorar en cualquier momento.
- No- mintió, pero yo ya le limpiaba los ojos, como hubiese hecho una madre cuyo hijo acaba de pelarse las rodillas.
- No quería matarme, te lo aseguro, fui una estúpida, intentaba que el aire recorriese todo mi cuerpo- menuda explicación estaba dando xD- pero… no quiero morirme, todavía no, ¿sabes? Quiero ver como ganas este torneo, como haces que Fleur Delacour muerda el polvo…- bueno momento precisamente para eso, si, señor- quiero estar contigo.
- Querías pensarlo… no estabas segura- mis manos seguían en su cara, pero pronto cambiarían de posición.
- Ya no. Cuando estaba contigo era feliz, y ahora soy desgraciada. Es sencillo, ¿no? Necesito que estés conmigo.
- ¿Por qué?- mis manos ahora estaban sobre su pecho, sensualmente.
- Porque estoy enamorada de ti- en esos momentos era yo la que tenía abnegados los ojos de lágrimas. Nos miramos un momento más, Ced agachó la cabeza, yo parpadeé, una vez, dos, tres, y cuando abrí los ojos pensando que podría mantenerlos así, tuve que cerrarlos de nuevo. Bebí de aquel beso como nunca en toda mi vida, y dos nuevas lágrimas más recorrieron mi semblante.
Las manos de Cedric acariciaron suavemente mi cabello, que había perdido todo el esplendor de las primeras horas de la noche, y volvía a estar suelto. Yo le agarraba fuertemente por el pecho de la camisa, como evitando que se fuese de mi lado, reteniéndole.
- Te quiero- murmuró entonces él, con sus labios apretados contra mi boca entreabierta, por respuesta recibió un nuevo beso. Empezaba a hacer frío, sin embargo nos permitimos seguir allí por un largo rato más.
Nos miramos, como calculando el siguiente paso a dar, sabía que era imposible, pero… ¿se acababa de detener el tiempo? No, sólo había sido mi imaginación, seguro. Sin ningún tipo de florituras subí las piernas a la silla y me acaricié los doloridos pies. Mi ex novio seguía observándome, como en trance, pero no se decidía a hablar.
- Vamos, no tiene que ser tan difícil- pronuncié, y no sabía porque, pero le estaba dando ánimos, no estaba segura cual era el fin, pero lo había hecho, ya no había vuelta atrás. Se sirvió un ponche y me sirvió otro a mí. El suyo se lo tragó en dos sorbos. Después comenzó su historia.
Todo empezó precisamente la noche en la que el profesor Dumbledore anunció el torneo. Te prometí que no lo haría, y pensaba cumplir aquellas palabras hasta el final. Entonces mis compañeros de clase insistieron, lo hacían a diario, y cada vez se volvían más persistentes, iba a desaprovechar una oportunidad de oro, según ellos, e iba a hacerlo por una chica.
- Eres un cobarde, Diggory- me picaban.
- Dejadme en paz, me importa un bledo la fama. No me interesa la gloria eterna- así les contestaba yo a ellos. Sin embargo ese día lo vi claro, tenía que presentarme yo, y únicamente yo, no porque fuera el más experto, tampoco porque fuera el más arrojado, iba a hacerlo pos celos. Faltaba muy poco para que nos anunciaran los campeones, iba a la biblioteca a leer sobre unos asuntos y allí estabas, abrazando a Oliver Wood. A la mierda mis promesas, a la mierda todo, estaba tan enfadado que arranqué un trozo del pergamino que llevaba encima y escribí mi nombre en él. Cuando los chicos de mi casa me vieron meterlo en el cáliz no se lo podían creer, y me vitorearon, por fin había entrado en razón. Tus amigos me observaron, sin embargo dieron por sentado que tú lo sabías.
No volví a verte con Wood, y me odié a mí mismo por haber actuado siguiendo únicamente a mis celos. Recé para que no fuera mi nombre el que el director dijese aquella noche, sin embargo así lo hizo, y me quedé tan impresionado que no fui capaz ni de mirarte a la cara. Cuando hablamos te dije que habían sido mis amigos los que me convencieron para presentarme, pero si ahora te soy del todo sincero te puedo decir que únicamente lo hice porque pensé que él te gustaba más que yo, por celos.
Cuando el conserje nos encontró besándonos en el hall y supe que no iba a estar contigo nunca más me sentí triste, pero también comprendí que no podía estar destrozado siempre. Entonces quisiste hablar, pero mi orgullo se apoderó de mí, y la visión de Oliver contigo me hizo humillarte, estúpidos celos. Luego llegó el baile, este estúpido baile y era necesario que yo también viniese, a fin de cuentas soy campeón, y estaba convencido de que los profesores me obligarían a asistir. No me atrevía a pedírtelo, después de lo ocurrido en los jardines era obvio que no querrías saber nada de mí, de modo que se lo propuse a Cho. Supongo que porque es popular, porque es guapa, pero principalmente porque es mi amiga.
Escuché todo su relato en silencio, como si aquello no fuese conmigo, sin embargo estaba siendo totalmente revelador. ¿Celos? Yo lo había comprobado en el mundial, Cedric podía dejarse llevar por sus emociones, sin embargo, esto era… real. Cedric estaba convencido de que el chico que me gustaba era Oliver. Suspiré, y aunque intenté evitarlo mi mano se posó sobre la suya.
- Oli es muy guapo- mentir sobre eso a aquellas alturas era estúpido- pero… no siento nada, a parte de cariño, por él. Si me conocieses un poco lo sabrías- y retiré la mano, colocándola sobre mi regazo.
- Nunca antes había estado celoso de nadie, jamás- aquello era obvio, siempre había tenido a las chicas que había querido, siempre había sido el primero en todo- pero… pensar en verte con él era superior a mis fuerzas- volvió a apretar los dientes, no era exactamente enfado lo que yo veía en sus ojos, lo habría catalogado más bien de frustración. Me bebí el contenido de mi vaso de un trago y volví a exhalar un poco de aire, ahora era mi turno.
- Asistí al baile con Oliver porque vi como se lo pedías a Chang. Casi se me cae el mundo encima, ¿sabes? Me fui a la biblioteca llorando como una histérica. Oli me encontró allí, me consoló y me lo pidió, y yo no deseaba… darte la satisfacción de verme sufrir.
- No quiero que lo pases mal, Raven, quería que tú vinieses conmigo.
- Y yo quería ser tu pareja- me fallaban las fuerzas, y sobre todo el orgullo, que se partía en mil pedazos delante de mis ojos, cayendo por mis mejillas.
- No llores- Cedric acababa de ponerse en cuclillas frente a mí, y ahora una de sus manos descansaba sobre mi rodilla, y la otra arrancaba lágrimas de mi cara. Yo seguía sollozando como un idiota- por favor…- acarició mi mejilla con mimo y me plantó un beso en la frente, sin darme tiempo a pensar o a retirarme. Me sonrojé, hacía mucho tiempo que no me tocaba de aquella manera. Más aún, sentía cierta incertidumbre por los futuros acontecimientos. “¿Y si los celos volvían a apoderarse de ti?”
¿Volvería a ser todo como había sido antes de ese endemoniado torneo? El orgullo ya estaba tirado por el suelo. Sin embargo… aún había algo que me desconcertaba, algo que no acababa de cuadrar. Quizás fuese esa vocecita racional llamada cordura, quizás mi cerebro estuviese ganando a mi corazón, porque acabé separándome de él. Me puse los zapatos y me levanté.
- ¿A dónde vas?- él se acababa de dar cuenta de lo que me pasaba, de que deseaba pòner tierra entre nosotros dos. Estaba dudando, no era tan fácil, aún con aquella explicación pesando sobre mis hombros, creerle con tanta sencillez.
- Necesito pensar- no es que le estuviese echando nada en cara. Tampoco dudaba de sus explicaciones y de sus muestras de cariño, lo que realmente me atormentaba era la posibilidad de que esos hechos se repitiesen, de volver a sufrir, y no únicamente yo, debido a estúpidos celos y malentendidos. ¿Podríamos soportar de nuevo ver como el otro se paseaba junto a alguien que no éramos ni él ni yo? Yo sabía que no iba a poder enfrentarme a situaciones semejantes. Tiempo, eso era lo que yo necesitaba.
- ¿Sobre qué es necesario qué medites?- seguramente pensaría que con soltarme todo aquello era bastante, pero, no, para mí no lo era, y sabía exactamente porqué. No quería que volviese a repetirse, nunca más.
- Dame un poco de tiempo, por favor, si esto volviese a pasar, no podría soportarlo- sus ojos brillaron un segundo, o quizás durante un lapso más amplio de tiempo, porque no lo vi, ya que había salido corriendo a toda velocidad. Había huido todo que me habían dado mis piernas de sí.
Por fin me detuve, estaba en el puente que unía el claustro con la zona común. Aún era de noche, de modo que por allí no pasaba un alma. Me sentí… relajada, lo único que yo necesitaba era tranquilidad, de modo que ese lugar había sido una buena elección de mi inconsciencia. Mis pasos eran lentos, pues ya no podía más, los tacones me estaban destrozando. Me detuve en esos momentos y me los quité, menudo alivio para mis maltratados pies, eso estaba mucho mejor. Tras poner los zapatos en el suelo y masajearme los puntos doloridos, me asomé por la barandilla, la leve brisa despeinó mis cabellos, pero no me importó, la fiesta ya había terminado. Hubiese deseado que aquel viento recorriese todo mi cuerpo. Busqué en mis ropajes, la varita la había dejado en el dormitorio, y no conocía un hechizo silencioso que me ayudase a conseguir mis propósitos. De modo que hice algo descabellado, algo absurdo, y además peligroso: me subí a la barandilla.
Si yo hubiese sido mínimamente alta mi cabeza hubiese chocado contra la techumbre que recorría el puente, sin embargo, no lo era. En primer momento me agarraba desesperada a una de las barras verticales que unían el techo y la baranda, pero el miedo desapareció enseguida, nadie me había obligado a subirme ahí, así que era mi responsabilidad, y yo, al menos antes, era responsable. Solté la seguridad que me otorgaba aquel trozo de madera y abrí los brazos, en cruz. El relente me recorrió entera, y tras muchos días de soledad y tristeza me sentí viva. Quizás las explicaciones de Cedric hubieran ayudado, en cualquier caso, ahora la brisa era mi único pensamiento. Ni celos, ni posibles nuevos problemas. Cerré los ojos, tenía los pies helados, pero ya no importaba, quise cambiar de posición, y aquello fue mi mayor error, pues uno de mis pies falló y entonces pensé que aquella no había sido tan buena idea.
Un grito desgarrado salió de mi garganta cuando me precipité al vacío. “Así que este es el modo en el que acabo. Hermanas… Ary, amigos…este es el final. Debería haber vuelto con él, todavía te quiero… te amo más que a nada en este universo.”
- Cedric…- esa fue la palabra final que pronuncié. En cualquier caso nunca terminé el recorrido hasta el abismo, pues me paré en seco y comencé a subir lentamente.
- ¡¡¡Raven!!!- alguien me llamaba desde el puente. Debía de ser un mago poderoso, porque había parado la rápida caída y ahora usaba el wingardium leviosa para subirme, y el ascenso no era en absoluto brusco. Solo podía ser una persona…él. Finalmente llegué arriba y me encaramé a la barandilla para tirarme, literalmente, contra el suelo, aunque nunca choqué contra aquel duro conjunto de piedras, pues los brazos del campeón de Hogwarts ya me aprisionaban contra su cuerpo. Miré hacía todos lados, pero no encontré ninguna varita, ¿lo había hecho únicamente con la mente? Aquello era impresionante, incluso para un chico se séptimo sobresaliente. Iba a preguntar, pero no me dejó articular palabra.
- Idiota- masculló, con la voz tan ronca que no parecía la suya- ¿cómo se te ocurre hacerme esto?- me apretó más fuerte, y me di cuenta que estaba temblando, pero no solo eso, también lloraba, pues sus lágrimas mojaban mi hombro.
Mi mano fue a parar a su cabello, castaño, brillante, suave, me encantaba aquel tacto.
- Lo siento mucho- no es que fuera una respuesta muy buena, pero al menos era una, la única que fui capaz de ofrecerle en esos momentos.
- No me asustes nunca más así, eres tonta- parecía un crío al pronunciar esas palabras, pero me encantaba, mi otra mano fue hasta su nuca- si te llega a pasar algo… yo….me moriría- los sollozos que escondía tras esa falsa ronquera cayeron sobre mí como un huracán, que atormentaba mi alma.
- Perdóname, por favor- el verle llorar de ese modo era tan doloroso… nunca lo había visto así.
Él siempre se comía los llantos, siempre ocultaba sus lágrimas, sin embargo ahora no reprimía esos sentimientos, sino que los lanzaba a diestro y siniestro. Acababa de emocionarme… estaba así por miedo a perderme, ¿qué pensaría yo si se hubiesen cambiado las tornas? Exactamente lo mismo, me pondría como una loca, mis manos separaron su carita manchada de pena de mi hombro, y estaba más guapo que nunca… con esos preciosos ojos verde jade brillando por la pena.
- Estás llorando- mis ojos tampoco estaban precisamente secos, sabía que podía ponerme a llorar en cualquier momento.
- No- mintió, pero yo ya le limpiaba los ojos, como hubiese hecho una madre cuyo hijo acaba de pelarse las rodillas.
- No quería matarme, te lo aseguro, fui una estúpida, intentaba que el aire recorriese todo mi cuerpo- menuda explicación estaba dando xD- pero… no quiero morirme, todavía no, ¿sabes? Quiero ver como ganas este torneo, como haces que Fleur Delacour muerda el polvo…- bueno momento precisamente para eso, si, señor- quiero estar contigo.
- Querías pensarlo… no estabas segura- mis manos seguían en su cara, pero pronto cambiarían de posición.
- Ya no. Cuando estaba contigo era feliz, y ahora soy desgraciada. Es sencillo, ¿no? Necesito que estés conmigo.
- ¿Por qué?- mis manos ahora estaban sobre su pecho, sensualmente.
- Porque estoy enamorada de ti- en esos momentos era yo la que tenía abnegados los ojos de lágrimas. Nos miramos un momento más, Ced agachó la cabeza, yo parpadeé, una vez, dos, tres, y cuando abrí los ojos pensando que podría mantenerlos así, tuve que cerrarlos de nuevo. Bebí de aquel beso como nunca en toda mi vida, y dos nuevas lágrimas más recorrieron mi semblante.
Las manos de Cedric acariciaron suavemente mi cabello, que había perdido todo el esplendor de las primeras horas de la noche, y volvía a estar suelto. Yo le agarraba fuertemente por el pecho de la camisa, como evitando que se fuese de mi lado, reteniéndole.
- Te quiero- murmuró entonces él, con sus labios apretados contra mi boca entreabierta, por respuesta recibió un nuevo beso. Empezaba a hacer frío, sin embargo nos permitimos seguir allí por un largo rato más.

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